Jesús nos enseña que sólo con misericordia sabremos quien es nuestro prójimo.

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El evangelio de este domingo XV, la parábola del Buen Samaritano, presenta las actitudes y disposiciones requeridas en una persona de fe que sabe que ha de manifestar con su vida aquello en lo que cree. La sabemos de memoria: “Un hombre bajaba de Jerusalén y cayó en manos de unos bandidos…”.  Pero como tantas veces, por desgracia, pensamos que se trata de algo devocional, uno de tantos relatos que aprendemos desde el principio de nuestra iniciación cristiana. Sin embargo, como toda la palabra de Dios, este relato tiene muchísimo que ver con la vida, pues en el centro de esta parábola se plantea la pregunta fundamental del ser humano: “Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?”, que en el fondo quiere decir: ¿Cómo puedo ser feliz? Jesús invita a buscar la respuesta correcta en la Escritura: “Amarás al Señor tu Dios… y al prójimo como a ti mismo”. Pero “¿Y quién es mi prójimo?”. Entonces Jesús cuenta la experiencia del samaritano, y termina con su recomendación final: “¡Vete y haz tú lo mismo!”

domingo 15 0Los doctores de la ley, no perdían la oportunidad de hacer trampas para poner a Jesús en contradicción con la Ley. Lo acusaban de predicar que la ley de Moisés era inútil, y lo que más les incomodaba, enseñaba nuevas doctrinas. Con esta malévola intención, y llamándolo maestro para adularlo, uno de ellos le pregunta sobre algo de lo que Jesús solía hablar: “¿Qué tengo que hacer?”. Jesús, sabiendo que no entiende otra cosa que lo que Moisés había enseñado, le pregunta a su vez: “¿Qué está escrito en la Ley. Qué lees en ella?”. Sería además uno de aquéllos que creen conocer la Ley, que saben la letra pero ignoran el espíritu, que conocen lo que deben hacer pero no lo hacen. Todos deseamos lo bueno, pero no basta conocer y desear, es preciso vivir lo que se conoce y se desea.

Le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón… y al prójimo como a tidomingo 15 7 mismo”. Amar a Dios aunque no lo veamos, por su bondad y porque procedemos de Él, amarlo sobre todo y por encima de todo. Con todo el corazón es con todo lo nuestro, sin reservas, con todo lo que nos hace vivir; con toda el alma es con toda la sensibilidad; con todas las fuerzas es ardientemente y no con tibieza; y con todo el resto del ser, con todo el entendimiento y motivación. Lo segundo completa lo anterior y es completado por él: amar al prójimo. Jesús, quiere que nos amemos, y el amor no nos es algo extraño, pues hay en nosotros un sentimiento que nos inclina a amar. Todo el que obedece este sentimiento ama naturalmente el bien, ama a Dios, y también da afecto al prójimo espontáneamente.

No querer ver y pasar“Le dijo Jesús: Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida”. Por no salir malparado de la conversación con Jesús, o por la soberbia de quien siempre busca la justificación de lo que hace o dice, le hizo una nueva pregunta: “¿Quién es mi prójimo?”. Es la pregunta de quien sólo se preocupa de cumplir la ley, le interesa saber a quién debe amar y a quién puede excluir de su amor. No piensa en los sentimientos de la gente. Jesús, que vive aliviando el sufrimiento de quienes encuentra en su camino, rompiendo si hace falta la ley del sábado o las normas de pureza, le responde con un relato que denuncia de manera provocativa todo legalismo religioso que ignore el amor al necesitado.

“Un hombre… cayó en manos de unos bandidos… dejándolo medio muerto”. Agredido yVer y acercarse despojado de todo, queda en la cuneta medio muerto, abandonado a su suerte. No sabemos quién es, sólo que es “un hombre, cualquier hombre”. Podría ser cualquiera de nosotros, cualquier ser humano abatido por la violencia, la enfermedad, la desgracia o la desesperanza. La identidad de la persona necesitada carece siempre de importancia. Es una persona, y ¡basta! Jesús va más allá de las teorías que conducen a discusiones inútiles; nos saca a la calle, donde están las víctimas: hombres y mujeres ninguneados.

domingo 15 11Por casualidad, un sacerdote (y un levita después) bajaba por aquel camino, y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo”.  El texto indica que es por azar, como si nada tuviera que ver allí un hombre dedicado al culto, pues lo suyo no es bajar hasta los heridos que están en las cunetas. Su lugar es el templo, y su ocupación las celebraciones sagradas. Es una actitud y un peligro que acecha a quienes se dedican al mundo de lo sagrado: vivir lejos del mundo real donde la gente lucha, trabaja y sufre. Cuando la religión no está centrada en un Dios Amigo de la vida y Padre de los que sufren, el culto sagrado puede convertirse en una experiencia que dista de la vida profana, preserva del contacto directo con el sufrimiento de las gentes y nos hace caminar sin reaccionar ante los heridos que vemos en las cunetas. Según Jesús, no son los hombres del culto los que mejor nos pueden indicar cómo hemos de tratar a los que sufren, sino las personas que tienen corazón.

Parece insensibilidad que los dos pasen de largo, pero para comprender mejor su actitud domingo 15 12es necesario conocer que ambos tienen que ver con el culto en el Templo, y para poder ejercerlo era necesario cumplir con ciertas prescripciones, entre ellas la de evitar el contacto con los cadáveres (Lv 21,1; Nm 19,11). El relato dice que el herido había quedado medio muerto, por lo que tendría aspecto de cadáver. Socorrerlo implicaba el riesgo de perder la pureza legal, la comunión con Dios y quedar excluidos del culto. Los dos atienden más al problema litúrgico y legal, mientras que para Jesús las exigencias de la caridad con el prójimo son más importantes que las del culto. Ya los profetas habían señalado esto: “misericordia quiero y no sacrificios” (Os 6,6), y nunca es verdadera una vida de fe que no toca las heridas ni cura las dolencias. Pasar de largo ante un herido es pasar de largo ante Dios y ante la propia dignidad. Sin prójimo, no hay Dios que valga. No existe un verdadero culto si ello no se traduce en servicio al prójimo.

domingo 15 13Pero lo más sorprendente viene después. Jesús presenta a un hombre que actúa movido por la generosidad, el desinterés, y sobre todo, la misericordia ante el sufrimiento del otro. Y ese hombre es un idólatra y odiado samaritano: “Pero un samaritano… al verlo se le acercó… y lo cuidó”.  No viene del templo, ni pertenece siquiera al pueblo elegido de Israel. Vive dedicado a algo tan poco sagrado como ir de viaje. Pero, cuando ve al herido, no se pregunta si es prójimo o no. Se conmueve y hace por él todo lo que puede. O sea que, precisamente aquél que uno hubiera esperado que lo dejase abandonado, el que más hubiera deseado aparentemente que el judío malherido muriese, ése es el que lo asiste y ayuda. Pregunta Jesús: “¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo?” En la respuesta que da el doctor de la Ley el único que queda justificado es el samaritano, el que tuvo misericordia.

Mostrándonos al samaritano que se inclina al pobre judío, herido y abandonado a ladomingo 15 8 orilla del camino y cuidándolo como hermano, Jesús nos enseña quien es nuestro prójimo, que no son sólo nuestros parientes, ni nuestro amigos, sino que toda persona, sin pensar en su nacionalidad, raza, color, etnia, condición económica o social. Por tanto nuestra caridad es con todos los hijos de Dios, esto es sin ninguna exclusión. Es a este samaritano a quien hemos de imitar. Ante un hecho similar queda sólo una acción, y así dice Jesús al legista: “Ve y haz tu lo mismo”.

Unas preguntas para profundizar más en esta palabra de Vida:

¿Qué querrá decirte Dios con este texto en este momento concreto de tu vida? ¿Cuáles son las palabras, frases o actitudes que atraen tu atención y tu interés? ¿Qué sentimientos despierta en ti?

¿Crees en el Dios cercano revelado en Jesucristo o prefieres un dios y un evangelio a tu gusto? ¿Te has parado a pensar quién es tu prójimo? Haz tuyas las preguntas del escriba: “¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?” y “¿Quién es mi prójimo?” ¿Ha resonado alguna vez en ti la frase “anda y haz tú lo mismo”? ¿Qué has sentido y cuál ha sido tu respuesta?

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Dionisis Arvanitakis, el panadero de Kos, repartiendo pan a los refugiados en el puerto.

¿Qué representa el camino? ¿A quién representan los ladrones? ¿Y el sacerdote y el levita? ¿Y el samaritano? ¿Cuándo podemos encontrarnos nosotros en situaciones semejantes? ¿A quién imitarás al encontrarte en tu camino con las víctimas más golpeadas por la crisis económica de nuestros días?¿Cuándo actuamos nosotros como cada uno de ellos?

¿Cuáles son las heridas, los problemas, más frecuentes entre la gente de tu entorno? ¿Qué “bálsamo” se suele buscar para aliviar este dolor? ¿Cuál es tu actitud ante los enfermos y necesitados? ¿Basta con conocer los problemas de los otros y sus necesidades y con sentir lástima? ¿Qué más hace falta? ¿Qué cosas concretas puedes hacer para ayudar a los otros? ¿A quién puedes curar?

¿En qué te tienes que trabajar para hacerte más cercano a tu prójimo?¿Cuáles son las disculpas habituales que sueles poner para no ver, para dar un rodeo y para pasar de largo…? ¿O las excusas para ver como te interesa ver? ¿Tienes tu vida tan centrada en tu ocio, tu diversión y tu consumo que te impide abrirla a la solidaridad?

¿Eres una persona cercana o alejada de los problemas de los otros? ¿Cómo vives el servicio al prójimo? ¿Te haces prójimo de los derechos de los dos tercios de la humanidad sin derechos? ¿Son de verdad hermanos? ¿Qué puedes hacer para sentirlos hermanos y hacérselo sentir a los demás?

¿Eres consciente de que Jesús se ofrece como buen samaritano? ¿Y tú, te dejas curar? ¿Es para ti la parroquia una posada amable? ¿Confías en ella?

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San Maximiliano Kolbe entrega su vida a cambio de la de otro preso, padre de familia

Y unos propósitos (aunque la clave no está en muchos propósitos sino en no cansarse de amar). La propuesta es sencilla: Debe haber un cambio continuo en mi vida, pues si no cambio, entonces, no soy un verdadero cristiano.

Un compromiso puede ser repasar las obras de misericordia, espirituales y corporales.

Otro propósito podría ser meditar estas frases:

“Nunca dejemos que alguien se acerque a nosotros y no se vaya mejor y más feliz” (Teresa de Calcuta).

“Amor es ocuparse del otro y preocuparse por el otro. No se busca a sí mismo, sumido en la embriaguez de la felicidad, sino que ansía más el bien del amado, renuncia y está dispuesto al sacrificio. Un amor así, se hace prójimo de todos y cada uno, sea de la condición que sea” (Papa Benedicto XVI)

“Ignorar el sufrimiento del hombre significa ignorar a Dios” (Papa Francisco).

Para ir a las lecturas pincha en la imagen.


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