Corpus Christi: pan y mesa compartidos.

Exponemos aquí lo que ayer se compartió en nuestro encuentro de “Camino de Fe” en la parroquia. Es difícil resumir la riqueza de un encuentro tan íntimo, sincero y espontáneo, pero no queremos que se quede en los que tuvimos la suerte de participar. Para un estudio más sistemático de la Palabra de la Solemnidad del Corpus Christi te proponemos lo que publicamos este martes 18  de junio para preparar el encuentro:

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Jesús no se limita a hablar, sino que se implica en la vida de la gente, dando todo lo que puede, para llevarles un poco más de felicidad, con una atención privilegiada por los últimos y los pobres. Jesús soñaba y anunciaba otro mundo necesario y posible, y lo llamaba “reino de Dios”. Para explicar cómo iba a ser ese otro mundo preparó una comida en el campo, donde cada uno llevó y compartió lo poco que tenía, y todos se saciaron y aun sobró mucho. Él pensaba que ese mundo nuevo, una gran mesa con abundante pan y sin ningún excluido, era posible en este mundo, pero las autoridades religiosas y políticas no estaban por la labor, y su proyecto aparentemente fracasó, aunque Jesús no dejó de esperar contra toda desesperanza.

EUCARISTÍA 6El milagro se podría haber hecho sólo por Jesús, pero quiso que las personas aportasen lo que tenían, aunque fuera poco, como la persona que aportó los panes y los peces: “ Dadles vosotros de comer”.  Jesús ni compra ni multiplica, sino que parte y reparte. Lo que es propiedad privada de unos pocos, Jesús lo vuelve a hacer don de Dios para todos, derechos de igualdad de todas las personas. No podemos olvidar la actitud de servicio que Jesús nos ha encomendado, y algo tenemos que hacer, poco o mucho, pero de ese poco sale el milagro de la solidaridad, cuya clave es la multiplicación de los bienes a partir de lo que tenemos: compartir lo que se tiene, ofrecer lo que uno posee a los que carecen de todo, y así, la solidaridad, acaba satisfaciendo a todos. Ahí está presente Jesús y nosotros participamos de su vida al compartir lo que tenemos. El Padre lo multiplica, porque no estamos solos, y el Señor nos acompaña y nos alienta.

EUCARISTÍA 8Nuestra solidaridad es el modo de anticipar ese modelo de sociedad de fraternidad de todos con todos (reino de Dios). Jesús come con todo el mundo, y rompe con su propia religión en todo aquello que impedía comer a todos con todos, que imponía ayunos, declaraba impuros algunos alimentos y prohibía compartir la mesa con los llamados pecadores, que casi siempre eran los pobres. Al comer así, anulaba las fronteras entre santos y pecadores, lo puro y lo impuro, lo sagrado y lo profano. Algo intolerable que lo llevó a la muerte. Los dirigentes religiosos y la gente de bien le llamó “comilón y borracho, amigo de pecadores”.EUCARISTÍA 17

Por eso este relato, más que un milagro como hoy lo malentendemos, es una lección de Jesús, que enseña a compartir los bienes de la tierra y del mar, de los que nadie es dueño más que Dios, su Creador. Nos enseña a preocuparnos por los necesitados, dando una peculiaridad que distingue al cristianismo: aunque hay otras presencias de Dios, que se nos comunica en su Palabra, escuchada con un corazón abierto, y está también presente en la comunidad reunida en su nombre, Dios está presente, sobre todo, en el ser humano. Jesús buscó, encontró, y cambió las costumbres de los judíos. A nosotros nos da miedo buscar respuestas, pero tenemos que hacerlo.

EUCARISTÍA 8 (2)El sacrificio de Cristo, pan partido para los demás, es para todos. Es ahí donde, invita a sus discípulos a que hagan la experiencia de ser ellos los que compartan el pan y la presencia de Cristo entre la multitud. El proceder de los corintios en la Eucaristía es anticristiano porque los ricos dejan sin comer a los pobres que llegan más tarde por venir de trabajar. Para corregir esta injusticia, Pablo les recuerda la tradición de la Cena del Señor. Y la comunión con Jesús solo es posible cuando hay verdadera comunión entre los hermanos: justicia, amor y paz (segunda lectura). En el evangelio descubrimos cómo Jesús ha querido que los discípulos le den alimento a toda esa multitud que esta congregada en torno a su presencia.

La misión continúa y nuestro encargo es atender hoy como ayer las necesidades de la gente y ofrecer nuestra mediación, de modo que las gentes puedan encontrarse con el verdadero alimento, Jesús y su mensaje; pues esa multitud que lo seguía, seguramente en lo profundo, le buscaba sobre todo en él, la fortaleza, la salud, la confianza, una comunión plena con él. Hoy podemos hacer el milagro de la multiplicación compartiendo lo que somos y tenemos con aquéllos que carecen de todo. Ésa es nuestra misión de discípulos: Repartir el pan, compartir el pan de Cristo.000.jpg

Nuestra fuerza está en la Eucaristía, a la que hay que acudir preparados y dejando queEUCARISTÍA 15 nos transforme. La Eucaristía es un momento muy especial junto a los hermanos de la comunidad. Él dio el pan para que se lo dieran a la gente, y eso debe seguir siendo la Eucaristía para nosotros. La Eucaristía no puede ser solo una devoción, es vida. La salvación ya está ahí, pero hay que apropiársela, y llevarla a los demás. Hubo un tiempo en que el fervor de un creyente se medía por el número de misas que oía cada día. Hoy, se mide por la capacidad de compartir que tiene, es decir, por la Eucaristía en ejercicio. Esa es la gran señal de una Iglesia llamada a ser reino de Dios, sociedad alternativa. La Eucaristía es el sacramento, significación de esta vida fraterna y solidaria, que tenemos que construir con Jesús; un futuro pleno que nos compromete a luchar aquí contra el hambre, la injusticia y el mal. Así lo entendieron las primeras comunidades, que llevaban alimentos a la Eucaristía, los ofrecían en el ofertorio y luego los repartían a los pobres.EUCARISTÍA 5

Tendemos a hacer, pero tiene que ser desde el amor y no antes de orar; así, con el Espíritu, entra en nosotros la disponibilidad. Sin él no somos nada. Que nos dejemos invadir por la Palabra, ser sus testigos con hechos. Muchas veces actuamos con nuestros criterios y no con los de Cristo, que es el que ha de tomar la iniciativa. Y siempre en comunidad. Nos conocemos a través de los demás y sin conocernos, en la doble vertiente humana y de la gracia, no podemos seguir a Jesús. Comunión no es sólo comulgar sino estar unidos, la comunión de los santos, que somos los seguidores del Maestro.

7Al narrar la última Cena de Jesús con sus discípulos, las primeras generaciones cristianas recordaban el deseo expresado de manera solemne por su Maestro, que al presentir lo peor, siguió soñando en lo mejor y organizó con sus amigos más cercanos una cena de despedida y esperanza. Al partir el pan y pasarles el vino les dijo: «Haced esto en memoria mía».  Recordadme en el pan y el vino. Y cada vez que comáis y bebáis juntos, reavivad la esperanza del mundo nuevo, y construid el mundo que esperáis. Cada vez que lo hagáis, yo resucitaré, vosotros os transfiguraréis y el mundo se transformará en Comunión. Hacemos memoria de Jesús cuando escuchamos los evangelios, de los que aprendemos no sólo doctrina, sino sobre todo, la manera de ser y de actuar de Jesús, que ha de inspirar y modelar nuestra vida. Por eso, lo hemos de escuchar en actitud de discípulos que quieren aprender a pensar, sentir, amar y vivir como él.

EUCARISTÍA 4Así, desde su origen, la Cena del Señor ha sido celebrada por los cristianos para hacer memoria de Jesús, actualizar su presencia viva en medio de nosotros y alimentar nuestra fe en él, en su mensaje y en su vida entregada por nosotros hasta la muerte. El primer día de la semana, que luego se llamó domingo o “día del Señor”, se reunían en las casas, oraban juntos, recordaban el mensaje de Jesús, comían pan, bebían vino, y resucitaba la Vida. Y a eso llamaban “cena del Señor” o “fracción del pan”. Todo era muy simple, y no hacía falta sacerdote ni consagración ni templo. Siglos después, todo se fue complicando. Es hora de que volvamos a lo más sencillo y pleno, Jesús pide a sus discípulos que recojan las sobras, que nada se malgaste, porque los bienes de la tierra hay que respetarlos y conservarlos.

EUCARISTÍA 12Y no hay escusas para poder amar. A veces nos pueden las escusas y nos echamos para atrás. Hay mucho camuflaje. Jesús viendo que los discípulos vuelven de la misión, va con ellos para atenderlos y escucharlos. Pero cuando llega la gente deja todo y la acoge. Jesús se implica con la gente, y los discípulos, haciendo caso a Jesús, terminan implicándose también.

Para ir a las lecturas pincha en la imagen.35

 

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