Profundizando en Pentecostés. Quinta Semana. “LA EFUSIÓN DEL ESPÍRITU SANTO”.

El grupo de la Renovación Carismática de la parroquia se ha estado preparando para celebrar Pentecostés;  y entre otras cosas, lo ha hecho con unas enseñanzas presentadas los sábados que han precedido a la fiesta, a las 6,30 de la tarde. Pasado Pentecostés están siguiendo en la profundización de la presencia del Espíritu Santo en la vida del cristiano y de la Iglesia. Estamos publicando los contenidos de estas enseñanzas. Hoy presentamos la que se desarrolló el pasado sábado 26 de mayo:

10Tras los grandes temas del amor de Dios, Jesús Salvador, Jesús Señor, y Conversión, corresponde tratar el tema de la Efusión del Espíritu. Así lo sugiere el mismo Pedro cuando al terminar su discurso el día de Pentecostés, responde a la pregunta de los oyentes sobre qué tenían que hacer: “Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados y recibiréis el don el Espíritu Santo” (Hch 2,38).

La efusión del Espíritu Santo es el tema central de estas catequesis de iniciación, ya que es lo más original y característico  de la Renovación Carismática. Son varios los textos bíblicos que hablan de “bautizar en Espíritu Santo”; algunos de los textos añaden “y en fuego”. Para evitar la confusión con el sacramento del bautismo, actualmente solemos hablar de “efusión” más que de “bautismo”.

¿QUÉ ES LA EFUSIÓN DEL ESPÍRITU?                                                                                        Ante todo digamos qué no es: No es un sacramento nuevo, ni anula los sacramentos de36 iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía. Quien ha recibido estos sacramentos ya ha recibido el don del Espíritu. Por tanto, no es recibir por primera vez el Espíritu. No es recibir de repente una gran perfección, ni un premio a una gran santidad personal o una confirmación estable en gracia o en la vida cristiana sin posibilidad de retroceso. Ni es suprimir las dificultades inherentes a toda vida humana y cristiana. Dos pasajes de los Hechos aclaran lo que es efusión. En uno (Hch 8,14-17), primero los samaritanos reciben el bautismo de agua, el  sacramento, y más tarde, Pedro y Juan oran por los bautizados imponiéndoles las manos y recibían el Espíritu Santo. El otro pasaje (10, 44-48) presenta también los dos momentos, pero invertidos: primero irrumpe el Espíritu sobre los oyentes de Pedro, y luego se les administra el agua del bautismo. Sin negar que ambos momentos puedan coincidir, los dos textos son aclaratorios. Según ellos, y otros más, la Biblia llama efusión del Espíritu a sus manifestaciones: glorificar a Dios, hablar en lenguas, profetizar, recibir el don de curaciones y milagros, etc.

EL RITO                                                                                                                                                  En la efusión, tal y como se realiza en la Renovación carismática, podemos distinguir el rito y el contenido. Como RITO es una oración, llena de fe y de esperanza, que una comunidad eleva a Jesús glorificado para que derrame su Espíritu, de manera nueva y en 49mayor abundancia, sobre la persona que ardientemente lo pide y por los que los demás oran. Es una oración de intercesión. Los hermanos oran apoyados en la promesa de Jesús de estar con ellos como el principal y eficaz intercesor; y confiados en que él se adelantó a prometer el Espíritu y desea más que nosotros que lo recibamos. Conviene comenzar con la renovación de las promesas bautismales. Se alaba al Señor por los hermanos. Se pide a Jesús, el que bautiza con Espíritu Santo y fuego, que los llene de su Espíritu. Es bueno orar y cantar en lenguas. Puede haber mensajes del Señor, textos bíblicos, palabras de conocimiento, etc. Se termina con acción de gracias porque lo que se pide está concedido, según promesa y compromiso del mismo Jesús. Suele acompañarse la oración con la imposición de manos. Este gesto, que a los nuevos les extraña y les suena a magia, es un gesto bíblico, tradicional en la Iglesia y muy humano.

EL CONTENIDO                                                                                                                                     Es una “nueva comunicación” y “acción más intensa” del Espíritu Santo en nuestra vida, una “nueva y más abundante efusión del Paráclito” (Monseñor Uribe Jaramillo). Incluso tratándose de una persona que es habitada por el Espíritu Santo, puede decirse que el Espíritu le es enviado de nuevo. O bien por aumento de  la gracia, o bien por el progreso en la virtud, o bien por la manifestación de un carisma. “Es una gracia que desbloquea la fuente que hay en nosotros” (Verhaegen). El bautizado que vive en gracia de Dios, está habitado por el Espíritu como quien tiene en casa un manantial, pero es muy posible, y quizás frecuente, que lo tenga tapado con una losa sin dejarlo salir y actuar en su vida.30 La efusión quita la losa y deja suelto al Espíritu para que tome posesión de toda la persona y la guíe en adelante. ”Es tener una experiencia profunda de la presencia amorosa de Dios en nuestras vidas que nos facilite la entrega total a Él” (Monseñor Uribe Jaramillo).

En términos sacramentales es una gracia que renueva, actualiza de manera existencial y pone en actividad el rico caudal de gracias que Dios ha dado a cada uno a través de los sacramentos recibidos: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Sacerdocio, Matrimonio. Y beneficia también los carismas del propio estado de vida y de la vocación personal. Por parte nuestra, el contenido de la efusión es tomarse en serio el Bautismo y la Confirmación y los demás compromisos  adquiridos con el Señor a lo largo de nuestra vida, y querer vivirlos hasta las últimas consecuencias. Este tomarse en serio y querer vivir no es tanto hacer nosotros cuanto dejar hacer a Dios. Por eso la efusión es abrirse al Espíritu e invitarle a que se libere y actúe en nosotros.

REQUISITOS                                                                                                                                              Por lo pronto, no se requiere una mayor preparación, pues nunca lo estaríamos suficientemente como para ser dignos de recibir el Espíritu Santo. Recién nacidos éramos incapaces de estar preparados, y sin embargo con el bautismo recibimos el Espíritu. Más que estar preparado, se requiere estar disponible, abierto a que el Espíritu nos invada y vaya tomando posesión de nuestra vida y persona. No se añade ninguna obligación nueva a las que brotan del Bautismo. Señalamos algunas actitudes o disposiciones convenientes:

34

FE en la presencia del Espíritu en nosotros desde el Bautismo, en el amor del Padre que quiere dárnoslo con mayor abundancia, y en la promesa de Jesús: “Si vosotros siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!” (Lc, 11,13).

DESEARLO Y PEDIRLO. Es Espíritu es Alguien óptimo y fuente de todo lo bueno. No nos 35cansemos de pedirlo a diario: “Pedid y recibiréis” (Lc 11,9). Es para todos. Ni el primer Pentecostés ni ningún otro es optativo. ¡Y lo necesitamos tanto!  No lo merecemos, pero si Dios nos ha hecho sus hijos, tenemos derecho a todo lo suyo.

HUMILDAD. Como niños, que atrae especialmente las bendiciones de Dios. “En ése pondré mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras” (Is 66,2). Como María: “Miró la humillación de su esclava” (Lc1,48). Hay que apearse del intelectualismo, de la autosuficiencia, del orgullo. Solo los pobres piden. Solo a los sencillos y pequeños se les revelan los secretos el Reino. No somos dignos, pero Dios es generoso con nosotros.

ARREPENTIMIENTO Y AUN CONFESIÓN. El pecado es el gran obstáculo a la acción de29 Dios en nosotros y en el mundo. A pecado diario –“siete veces cae el justo” (Pr 24,16)-, arrepentimiento diario, especialmente al disponerse para la efusión. “¿Qué hemos de hacer hermanos?”, preguntan los oyentes de Pedro. “Y les contestó: Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizare n nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hch 2,38). Y a la vez que pedimos perdón para nosotros, no nos olvidemos de ofrecer con  generosidad y sin condiciones nuestro perdón a todos los que nos hayan ofendido.

ORACIÓN DE CURACIÓN INTERIOR Y LIBERACIÓN. Es bueno a veces que preceda esta oración para remover obstáculos, bloqueos, etc, y dejar libre al Espíritu. Pero este efecto liberador lo produce también la misma efusión: “Rompe la dureza de nuestro corazón, remueve las trabas, derriba los obstáculos, diques y barreras que voluntaria o involuntariamente ponemos y nos dispone para que el Espíritu actúe en nosotros con toda libertad, Él que ya habitaba en nosotros con toda plenitud de su ser infinito y con toda potencialidad de su actividad divina” (S.Carrillo).

FRUTOS: Bastaría recorrer el libro de los Hechos de los Apóstoles para darnos cuenta de 10los muchos y maravillosos efectos de Pentecostés en aquellos discípulos torpes, miedosos, muy poco ilustrados y no precisamente santos. Sus frutos son innumerables:

CAMBIO DE ACTITUD PARA CON DIOS. Es la experiencia fundamental de Pentecostés. Dios deja de ser una “cosa” abstracta y pasa a ser una “persona” viva. Se revela como Padre lleno de amor y misericordia, como poder y como fuerza. Nos ama con un amor personal e incondicional. Se da un encuentro con Jesucristo, Salvador vivo, actual y actuante, Señor y sentido de nuestras  vidas. Y se descubre el Espíritu Santo como Alguien que vive, nos habita, nos guía y se nos hace imprescindible.

DESCUBRIMIENTO DE UN CRISTIANISMO VIVO. Siguen vigentes las instituciones, las leyes, los dogmas, los ritos, los reglamentos, pero ya no son meros cumplimientos, sino elementos de una vida divina que lo invade todo. El cristianismo se nos baja de la mente al corazón, se hace vida. Se empiezan a saborear los sacramentos: la Eucaristía no es un precepto, sino una fiesta; las reuniones largas de oración, no sólo no cansan, sino que se ansían, se gozan en ellas, se siente que terminen.

GUSTO POR LA ORACIÓN. Con una facilidad y espontaneidad no experimentadas18 anteriormente, brota ahora la necesidad, casi la urgencia, de orar, sobre todo con oración de alabanza y de acción de gracias.

AMOR POR LA PALABRA DE DIOS. Contacto nuevo y frecuente con ella: lectura diaria, orar con la Biblia, acudir a ella como libro básico de consulta. Y la Biblia resulta efectivamente fuente de luz, consuelo, fortaleza, curación. Es Palabra viva, actual y eficaz.

REDESCUBRIMIENTO DE MARÍA. Su puesto y misión en la Historia de la Salvación y en nuestras vidas.

AMOR A LA IGLESIA. A sus instituciones, a sus pastores. Alegrarnos de sus triunfos y dolernos de sus fallos como de algo propio. Conciencia de que somos Iglesia, nuestra patria querida, que nos ha dado la vida de Dios, nos guía y empuja hacia él y nos espera en el más allá con los brazos abiertos.

20DESCUBRIMIENTO DEL VALOR DE LA COMUNIDAD CRISTIANA. Como en Pentecostés, se experimenta la necesidad de vivir unidos y más aún, reunidos. Cobra nueva importancia el amor fraterno, la ley de la comunidad. Se hace oración comunitaria, es decir, todos hacen suya la oración de cada hermano, acogiéndola en silencio meditativo, sin atropellarse por el afán de decir cada uno lo suyo, ignorando o minusvalorando lo del otro.

PAZ Y ALEGRÍA. Es uno de los frutos más frecuentes e inmediatos. La experiencia es “como si se rompiera una presa o un dique, y una masa torrencial de alegría inundase la persona, aflojando todas sus tensiones, aligerando su peso, sumergiendo sus timideces, sus cobardías y hasta la gravedad de su compostura, y la pusiera a punto de baile”.

LIBERTAD, CONFIANZA Y FUERZA PARA DAR TESTIMONIO DE JESÚS. Y eso en todas7 partes, sin avergonzase. Para participaren la asamblea con oraciones, textos bíblicos, alzando los brazos…

LIBERACIONES Y CURACIONES. De tentaciones, debilidades o pecados habituales. Curaciones físicas o psíquicas.

APARICIÓN DE CARISMAS PARA EL SERVICIO. Lenguas, curación, palabra de conocimiento, profecía, discernimiento, encontrar los textos bíblicos apropiados…

REFLEXIONES FINALES

Evidentemente, no todos aquellos por quienes se ora pidiendo la efusión del Espíritu, reciben todos los efectos. Dependerá de las disposiciones personales, y sobre todo de los planes y voluntad del Padre. No nos vanagloriemos de los regalos que recibimos ni envidiemos los que no recibimos. Alegrémonos de todos los dones que Dios regala a los hermanos. Todo queda en casa, en la familia de los hijos de Dios. Todo es para bien de todos, detalles de un Padre bueno que sabe bien lo que hace.

29

Y lejos de nosotros estimar como lo más importante los dones o carismas más llamativos o espectaculares: don de lenguas, curaciones, palabra de conocimiento, profecía. Hay quien, por no haberle tocado algo de esto, cree y confiesa, convencido, que no ha recibido nada. El don más importante es la experiencia fundamental: el cambio de actitud para con Dios y en consecuencia el descubrimiento de un cristianismo vivo, lleno de fe, esperanza y caridad.

Esta experiencia se presenta a veces  repentinamente en un momento determinado. No es algo nuevo en la Iglesia. Ocurrió así en las primeras comunidades cristianas. Otras veces es menos fulgurante; más tranquila y progresiva. Actúa en un ir descubriendo a las Personas Divinas y ser introducidos en su amor más lentamente. Es una “experiencia de crecimiento”. Finalmente, algunos nada experimentan de inmediato. Por algún tiempo no sienten la actuación del Espíritu. Es una vivencia en fe. Solo días o semanas más tarde casi insensiblemente van llegando los efectos. Quizás ni nosotros mismos nos damos cuenta del cambio, hasta que alguien nos sorprende con esta o parecida observación: ¿Qué te ha pasado? Tú no eres el mismo. Es la ocasión de repetir algo ya dicho y que nunca debemos olvidar. La efusión es como el fervor del enamoramiento. Es un gran comienzo, pero no lo es todo. La santidad o progreso en la vida cristiana exige un cultivo intenso y habitual que dura toda la existencia. Cuando abandonamos este cultivo, rebrotan los defectos: egoísmo, protagonismo, crítica,  rutina, vanidad, envidia, descontento, pesimismo, desgana, falta de compromiso.

7En este cultivo de la vida cristiana entra la oración personal y comunitaria habitual por la efusión del Espíritu sobre cada uno de nosotros y sobre toda la Iglesia y el mundo. “La necesidad mayor de la Iglesia es el Espíritu Santo. La Iglesia necesita un continuo Pentecostés” (Afirmaciones de Pablo VI). Esto puede afirmarse también de cada cristiano. No nos cansemos de pedir a diario la efusión del Espíritu. Dios no se cansa; nos manda que le importunemos. Y tiene más ganas de dárnoslo que nosotros de recibirlo.

Y tratándose de recibir el Espíritu Santo, no prescindamos de María. Vino torrencialmente sobre ella para hacerla Madre de Cristo; lo llevó y difundió en casa de Isabel; perseveró en oración con los Apóstoles preparando Pentecostés. Dios ha querido que toda encarnación de Cristo, toda evangelización, toda venida de Cristo a las almas, todo nacimiento y crecimiento de la Iglesia, todo Pentecostés, todo progreso en santidad se realice con la misma fórmula: “Del Espíritu Santo y de la Virgen María”. Prescindir de María en la vida cristiana sería condenarnos a la esterilidad.

TEXTOS BÍBLICOS PARA LA ORACIÓN Y MEDITACIÓN

  1. Hechos 8,14-17

Oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo.

  1. Hechos 10,44-48

Y mandó que fueran bautizados en nombre de Jesucristo.

  1. Hechos 9,17-19

Para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo.

  1. Lucas 3,15-16

Os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

  1. Hechos 1,12-14

Perseveraban en la oración con María.

  1. 1Corintios 12,4-11.27-30

Carismas del Espíritu.

  1. Romanos 8,14-17

Recibisteis un espíritu de Hijos.

Otros textos: Marcos 16,14-18; Hechos 1,4-8; 4,23-31; 8, 4-8.26-40; 19,1-7

 

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