Eucaristía: La Pascua celebrada por Jesús en la Última Cena.

31.jpgEl evangelio de este día del Corpus Christi en el ciclo B (Mc 14,12-16,26-28) pertenece a un contexto evangélico más amplio. (Mc 14,1-31) que a su vez inicia el relato de la Pasión de Jesús. El autor precisa el tiempo en clave cronológica griega, pues para los griegos el día iba de salida de sol a salida de sol, y eso explica que el primer día de los Ázimos o Pascua a secas, y la matanza de los corderos, puedan tener lugar en la misma fecha (v 12). La matanza comenzaba a las 14,30 horas y la Pascua a las 18 horas. En cambio, en clave cronológica judía la coincidencia en la misma fecha es imposible, pues las 14,30 horas pertenecían al final de un día y las 18 horas marcaban el comienzo del siguiente.  Nuestra lectura recorta algo del texto, para mantener  la atención  en la narración de la institución de la Eucaristía. Para entender mejor el texto de hoy vamos a tener en cuenta todos los versículos hasta 31, también los omitidos en el texto de la Misa.

33Fue con la intención de celebrar la Pascua de los judíos, cuando Jesús en vísperas de su muerte, se reunió con sus discípulos. Era su último encuentro con ellos, y por esto lo llamamos la “Última Cena” (Mc 14,22-26; Mt 26, 26-29; Lc 22,14-20). Muchos aspectos de la Pascua de los judíos los podemos ver en  la celebración de la Pascua de Jesús y son el trasfondo que ayuda a entender la Eucaristía. Una división del texto puede ayudarnos en la lectura: Marcos 14,12: Los discípulos quieren saber dónde celebrar la Pascua. Marcos 14,13-15: Jesús da instrucciones sobre dónde y cómo preparar la Pascua. Marcos 14,16: Los discípulos hacen lo que Jesús les manda hacer. Marcos 14,17-21: El anuncio de la traición de Judas Marcos 14,22-26: Jesús da un sentido nuevo al pan y al vino. Marcos 14,25-26: Palabras finales. Marcos 14,27-31: El anuncio de la dispersión de todos y de la negación de Pedro.

Es interesante conocer el contexto histórico de Jesús en aquel preciso momento, pues los acontecimientos de los días anteriores aumentaron la tensión entre Jesús y las autoridades: la entrada solemne de Jesús en Jerusalén (Mc 11,1-11), la expulsión de los vendedores del templo (Mc 11,12-26), las discusiones con los sacerdotes, los escribas y los12 ancianos (Mc 11,27 -12,12), con los fariseos y herodianos (Mc 12,13-17), con los saduceos (Mc 12,18-27), con los escribas (Mc 12,28-40), la reflexión sobre las ofrendas de los ricos y de los pobres (Mc 12,41-44), el anuncio de la destrucción del templo (Mc 13,1-3) y el discurso del juicio final (Mc 13,4-37). Todo esto hace crecer la oposición de los grandes contra Jesús. Por otro lado aparece la mujer anónima, una discípula fiel, que aceptaba a Jesús como Mesías y crucificado (Mc 14,2-9), en contraposición a los discípulos que no conseguían entender y mucho menos aceptar la Cruz, y querían huir, negar y traicionar (Mc 14,17-21.27-31). Marcos  va dejando claro que Jesús es víctima de injusticias, pero víctima consciente, sabe lo que le va a suceder y por qué le va a suceder, lo asume y acepta.

32Todos estos sucesos diversos, narrados antes y después de la institución de la Eucaristía, ayudan mucho a entender mejor el significado de los gestos de Jesús.  Antes del gesto de la Eucaristía, Marcos narra la decisión tomada por las autoridades de matar a Jesús (Mc 1,1-2), el gesto de fidelidad de la mujer anónima que unge a Jesús en vista de su sepultura (Mc 14, 2-9), el pacto de la traición de Judas (Mc 14,10-11), la preparación de la Pascua (Mc 14,12-16) y la indicación de quién será el traidor (Mc 14,17-21). En medio de este ambiente tenso y amenazador, y ya en la cena, el autor se centra en dos gestos de Jesús, el pan partido y repartido, y el vino repartido, gestos de amor de Jesús que se da totalmente en ese pan y en ese vino para sus discípulos. A pesar de todo, trata de confraternizar con los esfuerzos de los discípulos en la última cena. Seguramente que han gastado mucho dinero para alquilar “aquella sala grande, del piso superior, ya dispuesta y preparada” (Mc 14,15). Además, siendo la noche de Pascua, la ciudad está que rebosa de gente que está de paso, por lo que la población se triplicaba, y era difícil encontrar una sala para reunirse.

En la noche de Pascua, las familias llegadas de todas las partes del país, cargaban su37 propio cordero para ser sacrificado en el templo, y luego, cada familia en una celebración íntima y muy familiar en casa, celebraban la Cena Pascual y comían el cordero. La celebración de la Cena Pascual estaba presidida por el padre de familia. Por esto Jesús presidía la ceremonia y celebraba la pascua junto a sus discípulos, su nueva “familia” (cf. Mc 3,33-35). Aprovechando de la libertad y creatividad que el ritual le daba al presidente-padre de familia en el modo de conducir la celebración de la Pascua, Jesús dio un nuevo significado a los símbolos del pan y del vino. Cuando distribuye el pan, dice: “Tomad y comed, esto es mi cuerpo” Cuando distribuye el cáliz con el vino, dice: “Tomad y bebed, ésta es mi sangre derramada por muchos”. Y finalmente, sabiendo que se trataba del último encuentro, la “última cena”, Jesús dice: “Ya no beberé más del fruto de la vid hasta el día en el que lo beberé de nuevo en el reino de Dios”. (Mc 14,25). De este modo Él unía su dedicación, simbolizada en el pan partido y compartido, a la utopía del Reino.

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Terminada la cena, saliendo con sus amigos hacia el Huerto, Jesús anuncia que todos lo abandonarán y la negación de Pedro (Mc 14, 29-31): ¡Huirán o se dispersarán! Pero ya les avisa: “¡Después de la resurrección os precederé en Galilea!” (Mc 14,26-28). El texto se cierra con una indicación del autor que introduce en la oración del Huerto, la agonía y el arresto de Jesús en Mc 14, 32.

Para entender el relato, es también importante conocer el contexto histórico de la35 primitiva comunidad cristiana en que nace el segundo evangelio: En los años 70, época en que escribe Marcos, muchos cristianos por miedo, habían rechazado, negado o traicionado su fe. Y ahora se preguntaban: “Hemos roto la relación con Jesús. ¿No sucederá que también Él rompa su relación con nosotros? Quizás podamos volver todavía”. No había una respuesta clara pues Jesús no ha dejado nada escrito. Fue reflexionando sobre los hechos y recordando el amor misericordioso de Jesús, cómo los cristianos fueron descubriendo la respuesta. Marcos, en el modo de describir la Última Cena, comunica la respuesta que él descubre a estas preguntas de las comunidades: la acogida y el amor de Jesús superan el abatimiento y el fallo de los discípulos. ¡El regreso es siempre posible! La Última Cena, el último encuentro de Jesús con sus discípulos, fue un encuentro tenso, lleno de contradicciones y traiciones. El contraste es muy grande. Por un lado, los discípulos, que se sienten inseguros y no entienden nada de lo que sucede. Por otro lado, Jesús tranquilo y señor de la situación, que preside la cena y realiza el gesto de partir el pan, invitando a los amigos a tomar su cuerpo y su sangre. Jesús no perdió la calma, ni el sentido de la amistad. Al contrario, precisamente en esta Última Cena instituyó la Eucaristía y realizó el supremo gesto de su amor por ellos: el Lavatorio de los pies (Jn 13,1-15). Él hace aquello por lo que siempre oró: dar su vida a fin de que sus amigos pudiesen vivir.

36¡Ellos rompen las relaciones con Jesús, pero Jesús no las rompe con ellos! Él continúa esperándolos en Galilea, en el mismo lugar donde tres años antes los había llamado por primera vez. O sea, la certeza de la presencia de Jesús en la vida del discípulo ¡es más fuerte que el abandono y la fuga! Jesús continúa llamando. ¡El regreso es siempre posible! Y este anuncio de Marcos para los cristianos de los años setenta es también para todos nosotros. Por su modo de describir la Eucaristía, Marcos acentúa todavía más el contraste entre el gesto de Jesús y la conducta de los discípulos. De este modo pone el acento en el amor incondicional de Jesús, que supera la traición, la negación y la fuga de los amigos. ¡Es la revelación del amor gratuito del Padre! Quien lo experimentó dirá: “¡Ni las potestades, ni la altura ni la profundidad, ni ninguna otra criatura podrá jamás separarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor! (Rom. 8,39).

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Algunas preguntas para ayudarnos en la meditación y a la hora de compartir:

– La Eucaristía puede convertirse en un acto de culto que nada tiene que ver con nuestra vida. ¿Qué significa llevar una vida eucarística que sea prolongación y expresión de lo que celebramos? ¿No reducimos a veces la Eucaristía en una devoción más, olvidando su significado más profundo y el  que más nos compromete? ¿Celebro la fiesta del Corpus Christi agradeciendo su entrega por mí? ¿Prolongo el sentido de este día en mi entrega por los demás? ¿Qué te sugieren las procesiones del Corpus? ¿A qué te comprometen?

– Mira en el espejo del texto y pregúntate: “¿Soy como Pedro que negó? ¿Soy como Judas que traicionó? ¿Soy como los doce que huyeron? ¿O soy como la mujer anónima que permanece fiel?” (Mc 14,3-9) ¿Cuál es el comportamiento de Jesús ante ellos?

¿Qué significa para ti celebrar la Eucaristía y comulgar en ella con Jesucristo? Piensa en el gesto de Jesús que parte el pan diciendo: “¡Tomad y comed! ¡Esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros!” ¿Cómo ayuda este texto a entender mejor la Eucaristía? A través de los signos del pan y del vino Jesús se expresa a sí mismo ¿Qué rasgos de su persona te impactan más al contemplarlo durante la última cena? ¿Cómo te interpelan sus gestos? ¿En qué sentido te sientes llamado a identificarte con ellos en el día a día?

– Un cristiano no puede nutrir su fe si no se alimenta de Cristo mismo, de su Cuerpo y Sangre. Él ha dicho: «El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en Mí y Yo en él». Es esencial para una rama permanecer unida al tronco, para que no se seque sino que dé fruto abundante, el fruto que procede de la fe y que es la caridad. ¿Cómo podremos amar como Cristo si no estamos unidos a Cristo, si no nos nutrimos de Cristo?

– Como confesamos en la Misa, el Cuerpo y Sangre de Cristo «es el Sacramento de nuestra fe»: el Señor Jesús está verdadera y realmente presente en el pan y vino de la Eucaristía. ¿Por qué nuestra vida refleja tan pobremente eso que decimos creer? ¿Cuántos vivimos como los que no creen? Y así, aunque vayamos a misa los domingos y comulguemos, en la vida cotidiana olvidamos  a Dios y adoramos los ídolos del dinero y las riquezas, de los placeres y las vanidades, del poder y del dominio; nos impacientamos con facilidad y maltratamos a nuestros semejantes; nos dejamos llevar por odios y nos negamos a perdonar a quienes nos ofenden; o nos oponemos a los valores evangélicos  que nos incomodan. Se dan incluso casos en los que hacemos la vida imposible a los hijos cuando —cuestionando nuestra mediocridad con su generosidad— quieren seguir al Señor con “demasiado fanatismo” en una entrega radical al Evangelio.

– “¿Por qué creer lo que afirman, si con su conducta niegan lo que con sus labios enseñan?” Bien se podría decir lo que Dios reprochaba a Israel, por medio de su profeta Isaías: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto” (Mt 15, 8-9)» ¿Dejo que el encuentro con el Señor, verdaderamente presente en la Eucaristía, toque y transforme mi existencia? ¿Procuro que mi vida entera, pensamientos, sentimientos y actitudes, sea un fiel reflejo de la Presencia de Cristo en mí? ¿Encuentro en cada Comunión o visita al Señor en el Santísimo un impulso para reflejar a Jesús con una vida más de caridad, para anunciar al Señor y su Evangelio? ¿Puedo después de comulgar seguir siendo el mismo o la misma? ¿No tengo que cambiar, y fortalecido por su presencia en mí, procurar reflejarlo en mi conducta? ¿La fe en Jesús me lleva a vivir más intensamente y mejor?

– La celebración de la Eucaristía es un rito de alianza y los que participan en él se comprometen a estrechar su comunión con el Señor. ¿Cómo te ayuda a comulgar con Jesús la celebración de la Eucaristía? ¿En qué notas que la comunión eucarística alimenta tu relación con Cristo? ¿La fe en la Eucaristía y la comunión, nos sirve para formar comunidad eclesial? ¿Qué estoy haciendo para avanzar en comunión y unidad con todos los que comemos del mismo pan?

¿A qué me compromete la celebración de cada Eucaristía? ¿Vivimos la Eucaristía como signo de entrega de la vida por amor, como Jesús? ¿Es la Eucaristía fuente y cumbre de nuestra vida de cristianos? ¿Cómo vivo y celebro la entrega de Jesús? No hay misa sin mesa: Al compartir “el pan del cielo”, ¡habremos de compartir el pan de la tierra haciéndolo “nuestro, de cada día”! Si comulgo cada domingo, cada semana, ¿qué comparto y con qué pobres? ¿Me comprometo con Jesús, me prometo con él, entregar mi vida cada día al bien de los pobres a costa de mis propios bienes, persona e intereses? ¿Relacionamos la Eucaristía con compartir los bienes? ¿Qué relación encuentras entre la Eucaristía y los pobres? ¿Cómo puedo llevar la vida de Dios a los que más la necesitan?

– Jesús habla del día que podrá beber el vino nuevo en el reino. ¿En qué sentido la Eucaristía nos hace vivir con esperanza también a nosotros? ¿En qué medida mi vida es una buena noticia de futuro y esperanza para los pobres y los que sufren?

¿Nos lleva la Eucaristía a la solidaridad? ¿Qué gestos podemos hacer como comunidad y personalmente que expresen nuestro agradecimiento a Dios por el bien que nos ha hecho? ¿Qué es Cáritas para nuestra comunidad? ¿Cuál es mi participación en Cáritas como expresión de la caridad de mi comunidad? ¿Entra como parte esencial e imprescindible de mi presupuesto mensual compartir una cantidad fija con los más pobres que yo? Concretando: ¿Qué tiempo, bienes, dinero, esfuerzos, cualidades, habilidades… reparto entre los necesitados?

¿Cuál es mi participación en la lucha por la justicia en el mundo? ¿Qué tiene que decir este tiempo de crisis y paro a la celebración de la Eucaristía? ¿Nos estamos evadiendo ante los grandes problemas del mundo? ¿Qué provoca en ti oír “dadles vosotros de comer“? (Mc 6,34) ¿Quién necesita preferencialmente, en el ambiente donde me muevo, mi atención y mi amor para concretar el mandato del Señor? ¿Le estaremos pidiendo a Dios los milagros que tenemos que hacer nosotros?

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