Preparando Pentecostés. Cuarta Semana. “OS DARÉ UN CORAZÓN NUEVO: LA CONVERSIÓN”.

El grupo de la Renovación Carismática de la parroquia se ha estado preparando para celebrar Pentecostés;  y entre otras cosas, lo ha hecho con unas enseñanzas presentadas los sábados que han precedido a la fiesta, a las 6,30 de la tarde. Estamos publicando los contenidos de estas enseñanzas. Hoy presentamos la que se desarrolló el pasado sábado 28 de abril:

11La mañana de Pentecostés, tras escuchar el sermón de Pedro, los oyentes preguntaron: “¿Qué hemos de hacer ahora?” Pedro les respondió: “Convertíos.” El amor, la salvación y el señorío de Jesús son regalos de Dios para todo el que, desde su libertad, quiera acogerlos. En Ezequiel 36, 26, el Padre bueno nos ofrece un corazón nuevo, vivir en el gozo del Espíritu Santo y para ello nos estamos preparando con este seminario. Dios nos invita a cambiar de rumbo, a ser una criatura nueva, a centrarnos en Jesús.

Convertirse es volver al Señor. Dice el Génesis 1, 3: “Vio Dios todo lo que había hecho y10 era bueno.” Dios creó un universo perfecto y plantó en él la semilla del amor. Al hombre le mandó hacer crecer y multiplicar esa semilla de amor, pero viendo cómo está el mundo, comprendemos que el hombre se ha apartado del amor de Dios. Necesitamos volver al amor del Padre. Todos necesitamos conversión.

El camino de la conversión comienza con un encuentro con Cristo. A partir de ahí hay un punto de inflexión en nuestra vida, como le ocurrió a Zaqueo (Lc 19, 1-10): no tenía previsto cambiar su vida, pero el encuentro con Jesús fue determinante: “Señor, daré la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.” Recordemos, también a la mujer pecadora (Lc 7, 36-50) o el cambio radical de San Pablo (Hch 9, 1-30). En sus vidas hubo un antes y un después de su encuentro con Jesús; pero ese cambio impactante no es más que el primer paso de un proceso que va a durar toda la vida.

10La conversión es un continuo caminar. Nadie puede decir que está totalmente convertido. Todos intentamos transformar nuestro corazón, poco a poco, según el modelo a imitar dado por el Padre: Jesús. Aunque, a veces nos cuesta. Nos resistimos a dejar nuestros malos hábitos enquistados en lo más profundo del ser. Morir al hombre viejo es necesario para que Dios pueda avivar la llama de su Espíritu en nosotros. ¿Cómo cambiar? ¿Por dónde empiezo? Tal vez llevo muchos años siendo una persona malhumorada, triste, huraña; o puede ser que mi vida acomodada me haya transformado en un ser egoísta e indiferente al dolor ajeno… Solo me importan los míos: MI familia, MIS amigos, MIS asuntos…

Mi corazón se ha vuelto frío y no me conmueve el hermano que sufre: “Mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco.” (Rm 7, 14). Cuando voy a confesar, ¿Cómo lo hago? ¿Busco sentirme bien conmigo mismo, sin un verdadero propósito de enmienda? Si acudo a un retiro, ¿Voy buscando que Dios acceda a mis peticiones o en verdad deseo ser un buen discípulo de Cristo? Es tiempo de11 cambiar. Mi corazón necesita sanación interior. Quiero sanar del egoísmo, de la mentira, del materialismo, del rencor, de la tibieza… Con mi ceguera creo estar ya convertido, como si tal cosa fuera posible. ¿Cómo sanar interiormente? Sanar interiormente es decir SÍ al Señor. Un sí sin condiciones. Dios sabe lo que hace. En el mismo instante en que decimos sí a la voluntad de Dios, comienza a llegar a nuestra vida el gozo, la esperanza, la paz… comienza la sanación del corazón enfermo. Pidamos al Espíritu Santo una revelación ¿Qué actitudes concretas debo cambiar?, ¿Cuál es la piedra que hay en mi camino de conversión? ¿Por qué no progreso espiritualmente?

Para obtener la respuesta seguiremos los siguientes pasos:

1.-Busquemos un lugar tranquilo donde poder reflexionar sobre nuestra vida, desde la infancia hasta el momento presente. Necesitamos acallar la voz del pensamiento, dejar a un lado las preocupaciones del día a día para centrarnos únicamente en el Señor.

122.- Entablemos con Jesús un diálogo de Amor. Vamos a relatar al Señor nuestra infancia, nuestra juventud… aquellos hechos que marcaron nuestra existencia, especialmente los momentos traumáticos. Tal vez no me sentí amado. Quiero descubrir la raíz del mal, para luego dirigir a ello mi oración. Quiero contemplar a la luz de Cristo mis complejos, heridas, dolores… Con ello pretendo comprender por qué me he convertido en la persona que soy hoy. ¿Cuándo comencé a desarrollar mal carácter? ¿He perdonado todo y a todos? ¿Qué está mal en mi corazón? ¿Por qué no consigo cambiar?

3.-Por último, hagamos un largo silencio, para escuchar la voz del Espíritu en el corazón. El Espíritu Santo nos iluminará, pues es nuestro defensor que viene en nuestra ayuda. La conversión cristiana es obra del Espíritu pero exige nuestra cooperación: Jesús nos propone humildad frente a vanidad (Mt 6, 1-18); sinceridad frente a hipocresía (Mt 23); perdón frente a dureza y venganza (Mt 6, 9-15); bondad de corazón frente a meros cumplimientos (Mt 5, 20-48); confianza en la providencia frente al afán excesivo (Mt 6, 25-34).

Don en tus dones esplén-dido.

-ORACIÓN: Si es sincera y habitual, nos va moldeando día a día. El fin definitivo de la oración es decir: “Hágase tu voluntad.”

-LA PALABRA DE DIOS: La lectura diaria de la Palabra va dejando un poso en nosotros, cambia nuestros viejos criterios, doblega el carácter y nos hace dóciles a la voluntad del Padre.

-LOS SACRAMENTOS: En especial la Eucaristía y la Reconciliación. En ambos, Cristo vivo sale a nuestro encuentro. Jesús no nos deja solos en nuestro camino de conversión.

-LA COMUNIDAD: Es un don del Espíritu. Con ella nos sentimos acompañados en el caminar y aprendemos a perseverar en la fe y a servir al Señor. El amor fraterno nos alienta y nos ayuda a seguir progresando espiritualmente. Los hermanos son una bendición en nuestro camino de conversión, pues nadie camina sólo hacia la casa del Padre.

ESPÍRITU SANTO 11

Con todo ello, podemos abrirnos, sin temor a la gracia de Dios, para vivir la vida nueva en el Espíritu; una vida plena, gozosa, viviendo en la paz de Cristo y trabajando por el Reino. “Así que, el que está en Cristo, es una nueva creación: lo viejo pasó; ved que ha nacido lo nuevo.” (2 Cor 5, 17).

13

 

 

 

Hermanos: ¡Preparémonos con alegría y esperanza para acoger la gracia del Espíritu! ¡Vale la pena el esfuerzo por cambiar! ¡Gloria a Dios!

TEXTOS PARA MEDITAR:

  1. Ezequiel 36, 25-28 6. Juan 4, 1-42
  2. Hechos 2, 37,40 7. Santiago 5, 14-15
  3. Lucas 7, 36-50 8. Mateo 18, 21-35
  4. 2 Corintios 5, 14-62 9. Mateo 15, 21-28
  5. Filipenses 3, 7-16 10. Marcos 11 20-26

Otros textos:

Efesios 4, 17-32. Gálatas 5, 13-26

Lucas 19, 1-10. Marcos 11, 20-26

 

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