En el atardecer de nuestras vidas seremos juzgados en el amor.

1En este domingo se celebra la tan sugestiva Fiesta de Cristo Rey. Es, al mismo tiempo, el último domingo del año litúrgico, y conviene, por tanto, no separar los temas que ambos ofrecen pues no es difícil unirlos, ya que mirar al final es descubrir que éste se encuentra estre­chamente vinculado a la persona de Cristo, el principio y el fin de todo, alfa y omega, que dirá el Apocalipsis. Si Dios creó el mundo por Cristono pensó en otro al ­ponerle un fin: todo fue hecho por él y para él (Col 1, 17). Afirmaciones de este tipo pueden verse sin esfuerzo en el amplio campo del Nuevo Testa­mento. Al hablar, pues, del fin del hombre y del fin del mundo, no puede uno menos de pensar en Cristo. Todo hay que referirlo a Él.

36San Pablo nos lo recuerda en un himno muy primitivo: “Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre sobre todo nombre; de modo que, al nombre de Jesús, toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre” (Flp 2, 9-11). Cristo es el Señor ante quien deben todas las criaturas doblar la rodilla; Cristo es el Rey a quien todos pertenecen; Cristo es el Juez ante quien todos han de rendir cuentas. Toda lengua se ve obligada a confesar que Él es el Cristo, el Señor de todo, sentado a la diestra de Dios, colocado por Él mismo para la salva­ción del mundo entero. No hay otro nombre por cuya invocación se nos dé la salvación que éste de Cristo.

Cristo es Rey como Buen Pastor. A esa afirmación conduce la consideración de la7 primera lectura. Ezequiel presenta una situación decadente, donde los fuertes (machos cabríos en la narración) tratan a su antojo a los débiles (ovejas flacas). La imagen apunta a las relaciones abusivas y asimétricas que establecemos y padecemos en las instituciones humanas, centradas en el predominio de la fuerza sobre la razón, y del poder sobre el diálogo. En la historia prevalece de forma descarada o diplomática “la ley de la selva”; los verdugos pisotean a sus víctimas sin que prevalezcan la justicia y el derecho. Quienes no se adhieren a ese desorden, son presentados en el Evangelio de hoy como las personas compasivas que alimentaron al hambriento, vistieron al desnudo y visitaron al forastero. No consiguieron revertir la dinámica de la violencia institucionalizada, pero al menos, curaron las heridas de las personas que la padecían.

32El profeta echa mano de esta imagen tan expresiva, tan tradicional en la Biblia, y tan llena de atractivo en el sentir del pueblo como es la figura del pastor que al frente de las ovejas las  conduce de una parte a otra, ofreciéndoles tiernos y abundantes pastos que sacien su hambre, y arroyos de aguas claras que calmen su sed. Él cuida de ellas; atiende con delicadeza a las débiles; a las enfermas cura con ternura. Así, Ezequiel manifiesta a sus contemporáneos la actitud y disposiciones divinas respecto a su pueblo. Ha habido en Israel pastores indignos; pastores que, en lugar de cuidar de las ovejas encomendadas, se han aprovechado de ellas, han sido ellos mismos los que las han conducido a la destrucción y a la ruina. No se han preocupado de atender a las débiles y de curar a las enfermas, han devorado los mejores pastos y han ensuciado con sus pezuñas las aguas de las fuentes.19

El juicio severo de Dios se cierne sobre estos pastores. Los va a des­truir, y Él mismo va a31 actuar de forma más directa en este asunto. El pastor de las ovejas va a ser Él mismo, que va a cuidar personalmente de ellas: velará por ellas, las reunirá de entre todas las naciones, las apacentará; cuidará y atenderá a las enfermas y a las débiles de forma exquisita. Él va a juzgar entre ellas, según sus necesidades. La alegoría que aparece en el Evangelio de San Juan “Yo soy el Buen Pastor”,  no es sino la aplicación a Cristo de esta profecía. Y he aquí descrito el reinado de Cristo: alimentar a las ovejas; cuidar de las enfermas, atender a las débiles; preo­cuparse de los pobres, hacer justicia. Es un reino de salvación y no de ruina; de buen gobierno, de pacificación, de paz y de justicia. Su amor a ellas es en­trañable.

16Cristo es Rey como Primicias de los muertos. Es el tema de la segunda lectura. Cristo es el primer resucitado y, al mismo tiempo, la causa de la resurrec­ción de todos. Es el suyo un reino de vivos, no de muertos. La Vida eterna nos viene de Él. Él ha conseguido, por su obediencia al Padre, un reino. Dios lo ha sometido todo a Él. Las potestades adversas, que hacían imposible la salvación al hombre, la Muerte misma, que tenía a todos atenazados y obs­curecía irremediablemente de forma trágicamente sombría el horizonte de las más profundas aspiraciones del hombre, han quedado destrozadas por Él. Ya no hay muerte; la muerte fue vencida por Él, cuando Él murió. De su muerte y resurrección surge ahora un mundo totalmente nuevo. Así, los títulos con que adorna Pablo a Cristo: Primicias, Cristo, Señor, Cabeza de su Iglesia, Dueño de lo creado, Hombre sujeto al Padre, Nueva creación, Rey de la vida, Rey poderoso, Rey que vence la muerte, Rey de todo… Rey. Toda su obra conduce a la vida, y unidos a Él al­canzaremos la Vida.

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Cristo es Rey como Juez Universal. La fe cristiana pregona que Jesús, el Señor, muerto y resucitado, ha ascendido al cielo en la gloria del Padre, pero de nuevo vendrá al mundo para poner punto final a la historia. El Universo, que tuvo un comienzo por obra de Dios, también va a tener un final por obra de Dios. Cristo, humillado y25 despreciado por los hombres en la cruz, aparecerá ante todos como lo que es: el Señor, como nos lo presenta el evangelio de hoy, una narración en la que Jesús retoma directamente el texto de Ezequiel. De un par de semanas atrás viene perfilándose cada vez más nítida y apremiante la escena del Juicio Final. Tanto en la pa­rábola de las Diez Vírgenes, como en aquélla de los Talentos, el Esposo que viene, el Señor que pide cuentas, se nos advertía de la necesidad de la vigi­lancia en la primera, de la necesidad de las buenas obras en la segunda, como respuesta segura y digna al Señor que viene a ajustar cuentas en fe­cha no determinada. ¡Cuidado! ¡Os van a exigir cuentas!

20Pues bien, la lectura de hoy nos habla directamente de ese Día, en cuanto al Juicio se refiere. De forma plástica, sobre el fondo de una imagen pastoril, nos presenta el texto a Cristo, Hijo del Hombre, Señor y Rey, sentado en el Trono de Gloria, dispuesto a juzgar a los hombres. A unos los encuentra deficientes; a otros los encuentra justos. En rígido paralelismo, muy del gusto de los semitas, se describe el formulario y la sentencia. Para unos, la Vida Eterna; para los otros la reprobación eterna. Los primeros han pertenecido en este mundo al Reino de Cristo pues han vivido según su norma de la misericordia. Él los introduce ahora en el Reino de Dios, tan eterno como Dios mismo.

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Puede parecernos, a primera vista, cándida y simple la pregunta que formulan los justos: ¿Cuándo te vimos hambriento…? ¿No hacían las buenas obras por amor de Dios? Este versículo proyecta abundante luz sobre todo el pasaje. No se limita el Juicio a los cristianos. ¡Todos los hombres van a ser juzgados! El criterio son las obras de misericordia, no exclusivamente ellas, pero sí principalmente ellas; obras de misericordia, por otra parte, que han sido desinteresadamente ejecutadas. De ahí la23 sorpresa de los justos. Las han realizado por puro amor del prójimo. Prójimo aquí es el necesitado (Parábola del Buen Samaritano). El necesitado, el pobre, es el hermano del Señor. Es una afirmación de gran peso. Naturalmente no se excluye el amor a Dios expresado en otros actos humanos. Se pone de re­lieve la importancia de las obras de caridad -en todas sus formas- al mo­mento de rendir cuentas. De esta forma es fácil comprender la respuesta de los impíos. La caridad, pues, en todas sus formas tiene un valor supremo en la moral de Cristo. Cristo Rey pronuncia la sentencia, definitiva, inapelable, según la norma de la caridad desinteresada, las obras de misericordia: amor al necesitado.

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Es Rey de amor, enemigo del odio, del egoísmo, de la codicia, de la avaricia, de la so­berbia, de la mala entraña. En este punto será muy severo. Este es nuestro Rey. Rey por derecho. Rey de majestad. Rey de amor. Rey de vida. Rey de todo lo creado. El claroscuro 22que nos presenta el Evangelio es razonable: las personas podemos asemejarnos a la categoría de la gente sensible y solidaria que supo hacer suyo el dolor y las necesidades de sus hermanos o a la opuesta, la de la gente pragmática que vivió mirándose al ombligo, es decir, pendiente solamente de sus propias preocupaciones e intereses. Cuando unos y otros comparecen ante Jesús resucitado, parecen desconocer la trascendencia de sus acciones terrenales. Ni los bienaventurados recuerdan haber favorecido a Jesús, ni tampoco los desventurados. Unos y otros recibirán una clave de lectura de la historia que descifrará todo el enredo: quien administra su tiempo y sus bienes de manera sensata, sabe compartirlos con los necesitados, que son el sacramento viviente del Señor Jesús. No se trata solamente de repartir lo que sobra, sino de acortar la brecha que separa a los hartos de los menesterosos.

Los nuevos cielos y la nueva tierra, la segunda venida de Cristo consumará la historia9 humana como historia de la salvación del hombre y del mundo. Ignoramos el tiempo en que se hará la consumación de la tierra y de la humanidad, pero sabemos que esperar la segunda venida del Señor es creer que la injusticia, el dolor, el pecado y la muerte, los grandes males que afligen a la humanidad, no tienen la última palabra, por lo que no debemos resignarnos pasivamente como si fueran lo definitivo en la vida del hombre y del mundo. Proclamar la venida de Cristo en poder y en gloria es combatir para que comience ya a triunfar el bien, la justicia y la vida, aun sabiendo que su victoria definitiva sólo se dará cuando Dios instaure los “nuevos cielos y la nueva tierra”.

10

Por eso, la Iglesia no se cansa de pedir “venga a nosotros tu reino” y de aclamar en la Eucaristía: “anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡Ven Señor Jesús!”.

 

 

Para ir a las lecturas pincha en la imagen de abajo.

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