La esperanza en que Dios viene en lo cotidiano, hace soñar pero no te deja dormir.

3Las primeras generaciones cristianas se vieron muy pronto obligadas a plantearse una cuestión decisiva: la venida de Cristo resucitado se retrasaba más de lo que habían pensado en un comienzo. La espera se les hacía larga. ¿Cómo mantener viva la esperanza? ¿Cómo no caer en la frustración, el cansancio o el desaliento? En los evangelios encontramos muchas y diversas exhortaciones, parábolas y llamadas que sólo tienen un objetivo: mantener viva la responsabilidad de las comunidades cristianas durante esta espera. Una de estas parábolas, de las más conocidas, es la de las diez vírgenes que nos presenta la lectura del Evangelio de hoy.

18Una parábola, es un tipo de alegoría presentada bajo la forma de una narración de hechos naturales o acontecimientos de la vida, con el objeto de ilustrar o declarar una o varias verdades importantes. Por supuesto, esta narración que se desarrolla en un contexto cultural determinado, costumbres judías muy diferentes de las nuestras, que es necesario conocer para interpretar adecuadamente la parábola. ¿Qué sentido pueden tener estas palabras para nosotros, después de veinte siglos de cristianismo? ¿Qué enseñan estas parábolas?

19 0Volviendo a nuestra parábola de hoy. Se trata de una boda con una hermosa ritualidad: la esposa espera la llegada del novio acompañada de diez vírgenes que, según la costumbre, con sus lámparas encendidas formarán un cortejo que acompañará a la esposa al banquete de bodas cuando llegue el esposo. Éste, por cierto, se ha retrasado. El esposo se ha hecho esperar tanto que las vírgenes acompañantes se han dormido. Hasta ahí parece que todo iba normal. Lo que no fue tan normal es que cinco de las doncellas no previeran tanto retraso y que se quedaran sin aceite en sus lámparas y, por tanto, sin luz. Por eso, al llegar el esposo, se vieron obligadas a tener que ir a buscar aceite, lo que les impidió llegar a tiempo para entrar en el banquete de bodas. Casi al final de la parábola, las vírgenes discretas se niegan a ayudar a las necias. Eso es algo que llama la atención, pues nos hace pensar: ¿a qué se refiere la parábola cuando se niega la ayuda a alguien?

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Las vírgenes “discretas”, o prudentes, estuvieron listas cuando llegó el novio por dos 7razones: se prepararon bien y tuvieron que mantenerse alerta hasta el fin. No obstante, el texto dice que las diez vírgenes, “cabecearon y se durmieron” debido al aparente retraso del novio; es decir, que incluso alguien que desea mantenerse alerta pudiera quedarse dormido, debilitarse o distraerse, mientras espera su llegada. En la parábola, todas las vírgenes reaccionaron cuando escucharon: “¡Aquí está el novio!”. Pero solo las discretas estuvieron preparadas.

14Una cosa a tener en cuenta es que no se le debe buscar demasiado sentido espiritual a los elementos que componen una parábola, ya que cada todos ellos están organizados para la composición del relato. Así, es un error de interpretación bíblica, alegar que el aceite de las lámparas es tipo del46 Espíritu Santo, pues entonces el Espíritu Santo se podría comprar con dinero, ya que esto es lo que la parábola demuestra. En el relato, la función del aceite simplemente es el del combustible de las lámparas para mantenerlas prendidas. El número diez no tiene ningún sentido ni aplicación en lo exegético. Por razones de tradición que se desconocen, el cortejo era compuesto por el número de diez. El término virgen indica que las damas encargadas de preparar a la esposa para su encuentro con los invitados junto con su esposo eran solteras, y a su vez representaban la fidelidad y la 22honorabilidad de la desposada, que pasa a ser la esposa en total castidad. Razones que descartan por completo la posibilidad de que las diez vírgenes representen o sean tipo de la Iglesia. El término “el llorar y crujir de dientes” que aparece al final de la parábola, solo es utilizado en el lenguaje escatológico y es una expresión que marca el estado de lamentación en la que caerán las naciones por causa de no haber sido aceptadas para entrar en el Reino.

Por eso, lo que nos interesa es reconocer que nos acercamos hoy a un texto que, todo él, 11tanto en su finalidad como en sus detalles, es una lección de vida que nos da Jesús; lo hace a propósito de una boda, y recordemos que Jesús acaba de hablar del esclavo fiel y discreto (Mt 24,45-51) y otras parábolas de invitación a la vigilancia (Mt 24,32-44), es decir, el contexto es el de advertencias de Jesús a mantenerse alerta. Con esta parábola, situada en un clima de fiesta, Jesús deja claro que la vida tiene un destino feliz, representado como tantas veces en el banquete de bodas, para el que hay que estar atentos y preparados; es más, lo que Jesús hace ver es que, mientras vivimos, hay que mantener la esperanza de participar en la fiesta del Reino de Dios, aunque en ocasiones nos pueda entrar sueño, como les ocurrió a todas las jóvenes. En efecto, Jesús 12recuerda que lo que nunca puede faltar en la vida es la orientación decidida y resuelta hacia el encuentro definitivo con el Señor.

A los que esperan como ellas, aunque se duerman, siempre les quedará la reserva de aceite de sus experiencias y de sus vidas de fe, que les servirá para llegar a las puertas de la Vida con sus lámparas encendidas. Lo contrario es la actitud de las vírgenes necias: es la de aquéllos que un día recibieron la lámpara encendida de la fe y, sin embargo, o la perdieron o la dejaron languidecer por falta de aceite de reserva. Muchos24 cristianos se olvidan de alimentar su fe con formación, con oración y con la caridad y por eso, poco a poco se va debilitando su amor primero y, a veces, sin darse cuenta, se van alejando de Dios. Lo que pone en claro la parábola es que ser o no ser del Reino de Dios depende de la preparación de cada uno; por eso, el que deja de esperar al Señor debe atribuirse a sí mismo la pérdida de su participación en la Vida de Jesucristo.

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En realidad, la reserva de aceite que nos garantiza mantener encendida la lámpara de la fe, no se puede comprar, ni alquilar, ni prestar. Por eso, las prudentes no pudieron ceder parte de su aceite a las atolondradas, porque la preparación para el encuentro decisivo con el Señor es personal, de cada uno, y vale sólo para su viaje hasta la Vida. Por supuesto que no se niega la ayuda a nadie, sino que cada uno tiene que decidir si estará preparado y se mantendrá alerta, o si actuará de forma insensata y desleal. La lección de la parábola es muy clara: “¡Mantente alerta!”. Ya dijo Jesús en otra ocasión: “Lo que os os digo a vosotros, a todos lo digo: ¡Manteneos alerta!” (Mar 13,37). ¿Qué aprendemos de esto? Que no debemos esperar que otras personas sean fieles por nosotros o estén alerta por nosotros, vivan la verdad por nosotros o se mantengan atentoos por nosotros. Cada uno es responsable de estar listo, esforzándonos de corazón por estar preparados y por mantenernos alerta.

41Estas palabras de Jesús son, también hoy, una llamada a vivir con lucidez y responsabilidad, a tomar en serio lo que le corresponde a cada uno, sin caer en la pasividad o el letargo. En la historia de la Iglesia hay momentos en que se hace de noche. Sin embargo, no es la hora de apagar las luces y echarnos a dormir. Es la hora de reaccionar, despertar nuestra fe y seguir caminando hacia el futuro, incluso en una Iglesia vieja y cansada. Uno de los obstáculos más importantes para impulsar la transformación que necesita hoy la Iglesia es la pasividad generalizada de los cristianos. Desgraciadamente, durante muchos siglos hemos sido educados, sobre todo, para la sumisión y la pasividad. Todavía hoy, a veces, parece que no se nos necesita para pensar, proyectar y promover caminos nuevos de fidelidad hacia Jesucristo.

20Por eso, hemos de valorar, cuidar y agradecer sobremanera el despertar de una nueva conciencia en muchos laicos y laicas que viven hoy su adhesión a Cristo y su pertenencia a la Iglesia de un modo lúcido y responsable. Es, sin duda, uno de los frutos más valiosos del Vaticano II, primer concilio que se ha ocupado directa y explícitamente de ellos. Estos creyentes pueden ser hoy el fermento de unas parroquias y comunidades renovadas en torno al seguimiento fiel a Jesús. Son el mayor potencial del cristianismo. Los necesitamos más que nunca para construir una Iglesia abierta a los problemas del mundo actual, y cercana a los hombres y mujeres de hoy. Han de estar con «las lámparas encendidas» para tener la casa iluminada y mantenerse despiertos.17

La segunda lectura coincide con el tema de la vigilancia, la luz y el día, como opuestos a las tinieblas y a la noche. Ahora, el problema no es la muerte, sino la pasividad y la irresponsabilidad ante la incertidumbre de la fecha de la vuelta del Señor. En un primer momento, Pablo se coloca entre los que verán ese día, y llega a considerar la posibilidad de no morir antes, pero con el tiempo llega a entender que la espera podrá ser larga, pone en guardia a los que creen inminente ese día, y niega conocer el momento, pues el Día del Señor vendrá como un ladrón. Se le ha de esperar velando pues el tiempo es breve, pero Dios domina sobre el tiempo y sus avatares y es Él quien señala las divisiones de ese tiempo.

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