Los cristianos creemos en la vida y la celebramos, no celebramos la muerte.

3Iniciamos el mes de noviembre con dos celebraciones muy importantes en nuestro calendario litúrgico: la solemnidad de Todos los Santos y la conmemoración de los Fieles Difuntos, dos celebraciones que recogen en sí, cada una a su manera, la realidad de la muerte y nuestra  fe en la vida eterna, pues aunque estos dos días nos ponen delante de los ojos lo ineludible de la muerte, dan, al mismo tiempo, un testimonio de la vida. La Iglesia, en los primeros días de noviembre, se une de modo particular a su Señor que, por medio de su muerte y resurrección, nos ha introducido en la realidad misma de esta vida plena;6 una ocasión que nos ha de llenar la vida de inmensa esperanza ¿Estamos refiriéndonos con estas dos fiestas a lo mismo de forma distinta? ¿En qué se diferencian una fiesta de otra?

El hombre, que según la ley de la naturaleza está “condenado a la muerte”, que vive con la perspectiva de la destrucción de su cuerpo, vive, al mismo tiempo, con la mirada puesta en la vida futura y como llamado a compartir la vida de Dios. El día que conmemora los Difuntos hace converger nuestros pensamientos hacia la muerte de aquellos que han dejado este mundo, es la mirada puesta en esa condena de la muerte. Por otra parte, la solemnidad de Todos los Santos pone ante los ojos de nuestra fe a todos aquellos que han 16alcanzado la plenitud de la llamada a la unión con Dios, celebrando la dimensión cristiana de la muerte como esperanza en la vida.  Dios no nos llama a “no sabemos qué”, sino a vivir para siempre, en una vida que ya no cuenta ni con el dolor, ni con la enfermedad… ni siquiera con la misma muerte. “En la vida y en la muerte somos del Señor”. Esta frase de San Pablo resume muy bien el sentido de estos días. Hemos sido creados por Amor y nuestra meta está en Vivir para siempre y amar sin medida.

En el Nuevo Testamento, la palabra “santos“ se utiliza para describir a todos los miembros de la comunidad cristiana.  Desde tiempos muy antiguos, sin embargo, la palabra “santo“ se aplicó principalmente a las personas de santidad heroica y reconocida, y por eso, llamamos “santos” a aquellas personas que han dedicado su vida a seguir el ejemplo de Jesucristo y han sido “canonizados”, o sea declarados oficialmente 4santos por el papa.  En la fiesta de Todos los Santos nos alegramos no sólo con esos santos canonizados, sino que incluimos también a aquellas personas anónimas que han muerto en paz con Dios a lo largo de todos los tiempos y que ya gozan de la plenitud de la vida de Dios. Seguro que, entre todos ellos, hay gente que conocemos tú y yo, familiares y amigos, por ejemplo, aquellos cuyo testimonio de vida nos ha ayudado al encuentro del Señor.  Dicho de otra forma: la Iglesia católica reconoce como santos a todos los muertos que están con Dios, no sólo a los que ha sido propuestos como modelos de vida y están incluidos en el canon (lista de santos).

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Son santos, no porque hicieran muchas cosas maravillosas, sino porque intentaron cada día seguir los planes de Dios desde las cosas sencillas. Vivieron la llamada que Dios nos hace a todos a la santidad, y ahora gozan de la alegría que no tiene fin, junto a Él. Y por eso, porque millones de ellos son personas anónimas que no han sido canonizadas, la Iglesia estableció un día para celebrar su memoria. Damos gracias por esa cantidad enorme de personas que son para nosotros ejemplo de seguimiento del Señor. Los santos nos estimulan y nos motivan para asumir también nosotros el anhelo de santidad, de modo que participemos un día de esa vida plena  de Dios, que es25 la meta de nuestras vidas: “Ahora somos hijos de Dios, pero aún no se ha revelado lo que entonces seremos. Y ya sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es” (1Jn 3,2). Por eso celebramos con alegría esta Fiesta de Todos los Santos, uniéndonos a ellos para alabar a Dios y renovar la esperanza de gozar con ellos y como ellos la visión eterna de Dios.

Fue el Papa Gregorio IV quien ordenó en el año 835, que el mundo cristiano honre a todos los santos del cielo en esta fecha. Se cree que Gregorio IV eligió el 1 de noviembre porque coincidía con una de las cuatro grandes fiestas de los pueblos germanos, y la política de la Iglesia en esos años era reemplazar los ritos paganos, dándoles un sentido cristiano.

Pero aunque el Día de Todos los Santos, el 1 de noviembre, incluye a todos los cristianos fallecidos, históricamente se ha dado una fuerte tendencia a recordar y honrar a nuestros seres queridos un día aparte. Es normal que nos duela la muerte de los seres queridos, especialmente si ha sido reciente, pero los seguimos poniendo en manos de Dios, gozando de su presencia amorosa. Por eso,  la Iglesia dedica el día después de Todos los Santos para que los dolientes tengan  la oportunidad de ofrecer sus oraciones (llamadas sufragios), y misas por los seres queridos que han fallecido. Se suele ir al cementerio, convertidos en una inmensa plaza pública, para recordarlos en la oración, y dejarles velas  como signo de nuestra fe en la resurrección, y flores que, además de recuerdo, expresan la vida nueva junto a Dios. No pedimos solamente por los nuestros, o por los del último año, o por los conocidos,  sino por todos los que han muerto, pero especialmente por aquellos a los que nadie recuerda. Pedimos a Dios, que es compasivo y misericordioso, que los admita junto a Él en su casa, donde se tiene la convicción de que el ser querido que se marchó pasará a una mejor vida, y de que unidos a la muerte de Cristo, ahora se unan a su resurrección.

2

Al celebrar a Todos los Fieles Difuntos, también ofrecemos a Dios lo que nos queda de vida, para realizarla según Dios, y nos preparamos a nuestra propia muerte, sabiendo que al final de nuestra vida se nos juzgará sobre el amor, no sólo manifestado de palabra, o en nuestras devociones, sino sobre todo en nuestras obras según el Evangelio.

La práctica religiosa hacia los difuntos es sumamente antigua, y ciertas creencias populares relacionadas con el Día de los Difuntos son de origen pagano y de antigüedad inmemorial. Ya los judíos lo hacían animados por la Palabra: «En paz 21morirás. Y como se quemaron perfumes por tus padres, los reyes antepasados que te precedieron, así los quemarán por ti, y con el «¡Ay, Señor!» te plañirán, porque lo digo yo» (Jeremías 34,5): «Mandó (Judas Macabeo) ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados» (2 Mac. 12, 46); y siguiendo esta tradición, en los primeros días de la Iglesia se escribían los nombres de los hermanos que habían partido en la “díptica”, que es un conjunto formado por dos tablas plegables, con forma de libro, en las que la Iglesia primitiva acostumbraba anotar en dos listas pareadas los nombres de los vivos y los muertos por quienes se había de orar.

Y aunque a lo largo de los siglos los cristianos han tenido la costumbre de orar por los23 difuntos  en diversos momentos del año, fue en Alemania, a finales del siglo X donde hubo una ceremonia consagrada a la oración de los difuntos el día 2 de noviembre, fecha finalmente aceptada y bendecida por toda la Iglesia en el siglo XIV. Sin embargo, esta práctica fue rechazada por muchos reformadores protestantes debido a que la teología detrás de esta celebración se asoció con la doctrina medieval del Purgatorio junto con la práctica de pagar por misas por los muertos para ayudarles a llegar al cielo; pero a pesar de la influencia de Lutero ha sobrevivido esta celebración en la Europa protestante.

Durante la Reforma inglesa a mediados del siglo XVI, el Día de Todos los Difuntos también se incorporó a la celebración de Todos los Santos en la Iglesia de Inglaterra. Pero en el siglo XIX, algunas parroquias influenciadas por el renacimiento Anglo Católico restablecieron la celebración del Día de los Difuntos el 2 de noviembre. Con los diversos 23acuerdos de finales del siglo XX, entre ellos los acuerdos del Movimiento de Oxford, entre la mayoría de las Iglesias cristianas, acordaron tener el mismo calendario y días de celebraciones religiosas y santoral, y así, restauran oficialmente la celebración del 2 de noviembre como la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos.  Sin embargo, entre los cristianos orientales hay varios días dedicados a la oración por los difuntos.

Una vez aclarada la diferencia entre nuestras celebraciones de Todos los Santos y Fieles Difuntos, sería bueno entender qué se celebra en Halloween, en cuanto que hoy día, nos encontramos con fiestas que tienen que ver muy poco con el sentido cristiano de lagood-news-bible-html muerte, y la realidad actual hace que muchas veces se nos imponga, en cuanto que es una fiesta muy atractiva con disfraces, dulces, trucos, y diversiones que nos llaman mucho la atención. Pero se trata de celebraciones que nos traen un sentido muy distinto a aquel con el que los cristianos celebramos estas fiestas religiosas. Mientras Halloween celebra la muerte, los cristianos celebramos con esperanza la llamada que Dios nos hace a la Vida Eterna. Mientras Halloween se queda en fiestas de fantasmas, los cristianos rezamos por nuestros hermanos que partieron un día para estar junto al Padre Dios.

En buena parte de Occidente, la noche de Halloween aborda el fenómeno del miedo desde una perspectiva lúdica. Esto explica, por ejemplo, que estas fechas coincidan con estrenos de películas de terror o que aumente exponencialmente la venta de disfraces de monstruos, zombis, brujas, etc. El origen celta de esta fiesta y las costumbres de carácter secular y comercial -disfraces, fiestas, etc- han desprovisto a esta fiesta de su trasfondo religioso, aunque en ciertos ámbitos de la Iglesia Católica se lucha por su 26recristianización. En nuestros colegios se enseña a los niños a celebrar fiestas de brujas y fantasmas, que de alguna manera son fiestas de muerte. En las calles, bares, restaurantes, tiendas, etc., se extiende un ambiente de miedo y terror que desvirtúa el verdadero sentido de estos días.

Puede llegar a pasar que se nos olvide lo realmente importante, es decir, el sentido espiritual de estos días. Debemos vivir el verdadero sentido de la fiesta y no sólo quedarnos en la parte exterior, e incluso aprovechar el festejo para crecer en nuestra vida espiritual.

Por tanto, las tres celebraciones, Todos los Santos, Difuntos y Halloween, orbitan alrededor de un tema común: la muerte; pero no todo es válido en nuestras celebraciones por muy popular y moderno que nos parezca. Para quien vive la fe cristiana, la celebración de la muerte no tiene ningún sentido.

LECTURAS DEL DÍA DE TODOS LOS SANTOS

MIÉRCOLES 1 DE NOVIEMBRE DE 2017.

1ª LECTURA
Lectura del libro del Apocalipsis 7,2-4. 9-14.

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles:
– No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios.
Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.
Después de esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente:
– ¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!
Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo:
– Amén.
La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Y uno de los ancianos me dijo:
– Ésos que están vestidos con vestiduras blancas ¿quiénes son y de dónde han venido?
Yo le respondí:
– Señor mío, tú lo sabrás.
Él me respondió.
– Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero.

SALMO
Sal 23, 1-2. 3-4ab. 5-6.

ÉSTE ES EL GRUPO QUE VIENE A TU PRESENCIA, SEÑOR

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
Él la fundó sobre los mares,
Él la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos.

Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

2ª LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3,1-3.

Queridos hermanos:
Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él.
Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.
Todo el que tiene esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.

EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5,1-12a.

En aquel tiempo, al ver Jesús al gentío subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos, y él se puso a hablar enseñándoles:
– Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos los sufridos,
porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque ellos se llamarán «los hijos de Dios».
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten, y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.


LECTURAS DEL DÍA DE TODOS LOS DIFUNTOS

JUEVES 2 DE NOVIEMBRE DE 2017.

1ª LECTURA
Lectura el libro de la Sabiduría 3, 1-9.

Las almas de los justos están en las manos de Dios, y no los afectará ningún tormento. A los ojos de los insensatos parecían muertos; su partida de este mundo fue considerada una desgracia y su alejamiento de nosotros, una completa destrucción; pero ellos están en paz. A los ojos de los hombres, ellos fueron castigados, pero su esperanza estaba colmada de inmortalidad.
Por una leve corrección, recibirán grandes beneficios, porque Dios los puso a prueba y los encontró dignos de él. Los probó como oro en el crisol y los aceptó como un holocausto. Por eso brillarán cuando Dios los visite, y se extenderán como chispas por los rastrojos. Juzgarán a las naciones y dominarán a los pueblos, y el Señor será su rey para siempre.
Los que confían en él comprenderán la verdad y los que le son fieles permanecerán junto a él en el amor. Porque la gracia y la misericordia son para sus elegidos.

SALMO
Sal 26, 1. 4. 7. 8b-9a. 13-14.

EL SEÑOR ES MI LUZ Y MI SALVACIÓN

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré?

Una sola cosa he pedido al Señor,
y esto es lo que quiero:
vivir en la Casa del Señor
todos los días de mi vida,
para gozar de la dulzura del Señor
y contemplar su Templo.

¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz,
apiádate de mí y respóndeme!
Yo busco tu rostro, Señor,
no lo apartes de mí.

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor.

EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 15, 33-39.

Después que el Señor fue crucificado, hacia el mediodía, se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde; y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz: «Eloi, Eloi, lamá sabactani», que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: «Está llamando a Elías.» Uno corrió a mojar una esponja en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber, diciendo: «Vamos a ver si Elías viene a bajarlo.»
Entonces Jesús, dando un gran grito, expiró.
El velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo. Al verlo expirar así, el centurión que estaba frente a él, exclamó: «¡Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios!»

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