Santa Clara de Asís.

7Nació en Asís, Italia, en 1193 ó 1194 y es la fundadora de las religiosas franciscanas, llamadas Clarisas. Su padre pertenecía a una de las familias de mejor linaje de la ciudad, y su madre era una dama de profundo sentido cristiano. Ambas familias pertenecían a la más augusta aristocracia de Asís. La niña Clara creció en el palacio fortificado de la familia y no tenía amigos. Se dice que desde su más corta edad sobresalió en virtud, que se mortificaba duramente usando ásperos cilicios de cerdas y que rezaba todos los días tantas oraciones que tenía que valerse de piedrecillas para contarlas. Cuando cumplió los 15 años, sus padres la prometieron en matrimonio a un joven de la nobleza, a lo que ella se resistió respondiendo que se había consagrado a Dios y había resuelto no conocer jamás a hombre alguno.

Cuando tenía 18 años, queda subyugada por el ardor evangélico de su paisano 16San Francisco de Asís, que acababa de poner en marcha la nueva fraternidad, y al que Clara oyó predicar, comprendiendo que el modo de vida observado por el Santo era el que a ella le señalaba el Señor. Clara se confió a su dirección: abandonó su casa de noche y en la capilla de la Porciúncula, donde vivía San Francisco, tomó el hábito de manos del santo, prometiéndole obediencia. Habiendo entrado en la capilla, se arrodilló ante la imagen del Cristo de san Damián y ratificó su renuncia al mundo «por amor hacia el santísimo y amadísimo Niño envuelto en pañales y recostado sobre el pesebre». Cambió sus relumbrantes vestiduras por un sayal tosco, semejante al de los frailes; trocó el cinturón adornado con joyas por un nudoso cordón, y cuando Francisco cortó su rubio cabello entró a formar parte de la Orden de los Hermanos Menores. Clara se preciaba de llamarse “humilde planta del bienaventurado Padre Francisco”.

Inmediatamente fue confiada por Francisco al monasterio benedictino de San Pablo de las Abadesas. Allí tuvo Clara que vencer la enconada oposición de sus parientes que20 cuando descubrieron su huida y paradero fueron a buscarla al convento. Tras la negativa rotunda de Clara a regresar a su casa, se trasladó a la iglesia de San Ángel de Panzo, donde residían unas mujeres piadosas, que llevaban vida de penitentes. Quince días después, Francisco le procuró un asilo más seguro en el convento de Sant´Angelo in Panzo, en las estribaciones del monte Subasio, donde fue a unírsele a los pocos días, fugada también clandestinamente, su hermana Inés, que huyó  para compartir con su hermana el mismo régimen de vida. Más tarde fue a reunírseles su otra hermana, Beatriz, y ya en san Damián, unos años más tarde, Ortolana, su madre.

Posteriormente, San Francisco dispuso para Clara y sus seguidoras una vivienda, 23adaptada al ideal de pobreza y sencillez que ella misma anhelaba, junto a la pequeña iglesia de San Damián, restaurada por el santo. Y en ella se instaló el pequeño grupo de Damas Pobres, llamadas luego Clarisas, formado inicialmente por Clara de Asís y otras tres compañeras. La comunidad femenina imitaba en lo posible la de los hermanos franciscanos. Durante cuarenta años, Clara fue la superiora del convento de monjas de San Damián. Su vida era de gran austeridad y muy rica en obras de caridad y piedad. En aquel convento de San Damián, germinó y se desenvolvió la vida de oración, de trabajo, de pobreza y de alegría, virtudes del carisma franciscano. Por esa fecha el estilo de vida de Clara y sus hermanas llamó fuertemente la atención y el movimiento creció rápidamente. La condición requerida para admitir una postulante en San Damián era la misma que pedía Francisco en la Porciúncula: repartir entre los pobres todos los bienes.

21Santa Clara de Asís escribió una Forma de vida en la que insistía en la pobreza y que fue la base para la regla que ella misma redactó con posterioridad (1247-1252), adaptación para las religiosas de la regla franciscana, y que en su contenido y en su estructura se aleja de las tradicionales reglas monásticas. Clara fue la primera en escribir una regla de vida religiosa para mujeres, que en 1253, una bula pontificia aprobaba solemnemente. Hasta entonces Francisco había sido el director de las dos órdenes, pero después que el Papa les aprobó la regla, las monjas debían de tener una superiora que las dirigiese.

24El convento no podía recibir donación alguna. Los medios de vida de las monjas eran el trabajo y la limosna. Mientras unas hermanas trabajaban dentro del claustro otras iban a mendigar de puerta en puerta. Clara, cuando las hermanas volvían de mendigar, las abrazaba y las besaba en los pies y, a pesar de ser la superiora, tenía la costumbre de servir la mesa y brindar agua a las religiosas para que lavasen sus manos, y cuidaba solícitamente de ellas. Cuentan que se levantaba todas las noches a verificar si alguna religiosa estaba destapada. Francisco muchas veces le envió enfermos a San Damián y Clara los sanaba con sus cuidados. Ni aun estando enferma, lo que era frecuente, omitía el trabajo manual. Así se dedicaba a bordar corporales, en la misma cama, que mandaba a las iglesias pobres de las montañas del valle.

Así como en el trabajo era ejemplo para las religiosas, lo era también en la vida de22 oración. Después de las completas, último Oficio del día, permanecía largo rato a solas, en la iglesia ante el Crucifijo que habló a San Francisco. Allí rezaba el “Oficio de la Cruz” que había compuesto Francisco. Estas prácticas no le impedían levantarse por la mañana muy temprano, para levantar a las hermanas, encender las lámparas y tocar la campana para la misa primera. Su cama, en los inicios, eran haces de sarmiento con un tronco de madera por almohada; después la cambió en un pedazo de cuero y un áspero cojín; aunque más tarde, por orden de Francisco, aceptó dormir en un jergón de paja. Clara, ante Francisco, se manifestaba débil y necesitaba consuelo y aliento, pero en medio de sus hermanas era la madre revestida de fortaleza para defenderlas y protegerlas.

Durante los tiempos de ayunos, Clara no se alimentaba sino tres días en la semana, y solo 26con pan y agua. Para reemplazar la mortificación corporal observó por largo tiempo la práctica de usar a raíz del cuerpo una camisa de cuero de cerdo con la parte velluda hacia dentro.  Otra muestra de su fortaleza se manifestó en la lucha que sostuvo durante años con el papa Gregorio IX  por sostener la integridad del voto de pobreza. El pontífice quería convencerla de que aceptara algunos bienes para el convento, como lo hacían las demás órdenes religiosas. A tal punto llegó la disputa que el Papa llegó a decirle que si ella se creía ligada por su voto, él tenía el poder y la obligación de desatárselo, a lo que ella replicó: “Santísimo Padre, desatadme de mis pecados, mas no de la obligación de seguir a Nuestro Señor Jesucristo”. Sólo dos días antes de morir vino a obtener Clara, de Inocencio IV y a perpetuidad, el derecho de ser y permanecer siempre pobre.

1 0Éste es el resumen concentrado de la vida de santa Clara: el “ser en” Dios, expresado en la unión entre los sarmientos y la vid, que queda descrito por Clara en su cuarta “Carta a santa Inés de Praga”, donde explica la manera como ella misma vive esta unión: «Su amor cautiva, su contemplación nutre, su benignidad llena y su suavidad sacia; su dulce recuerdo ilumina, su perfume hará revivir a los muertos y su visión gloriosa hará felices a todos los ciudadanos de la Jerusalén celestial».

A mediados del verano de 1253 su maltrecha salud se agravó, y ya las monjas no se separaron de su lecho, incluso Inés, su hermana, viajó desde Florencia para estar a su lado. Durante dos semanas la santa no pudo tomar alimento, pero las fuerzas no le faltaban. Murió en Asís el 11 de agosto, rodeada de sus hermanas y de los frailes León, Ángel y Junípero. La noticia de la muerte de la religiosa conmovió de inmediato, con impresionante resonancia, a toda la ciudad.10 Acudieron en tropel los hombres y las mujeres al lugar. Todos la proclamaban santa y no pocos, en medio de las frases laudatorias, rompían a llorar.

Acudió el gobernador de Asís con un cortejo de caballeros y una tropa de hombres armados, y aquella tarde y toda la noche hicieron guardia vigilante en torno a los restos mortales de Clara. Al día siguiente, llegó el Papa en persona con los cardenales, y toda la población se encaminó hacia San Damián. Era justo el momento en que iban a comenzar los Oficios divinos y los frailes iniciaban el de difuntos; cuando, de pronto, el Papa dijo que debía rezarse el Oficio de vírgenes, y no el de difuntos, como si quisiera canonizarla antes aún de que su cuerpo fuera entregado a la sepultura. Sin 12embargo, el obispo de Ostia le observó que en esta materia se ha de proceder con prudente demora, y se celebró por fin el Oficio de difuntos.

Muy pronto comenzaron a llegar verdaderas multitudes de peregrinos al lugar donde yacía la religiosa, popularizándose una oración a ella dedicada: «Verdaderamente santa, verdaderamente gloriosa, reina con los ángeles la que tanto honor recibe de los hombres en la tierra. Intercede por nosotros ante Cristo, tú, que a tantos guiaste a la penitencia, a tantos a la vida». De ella se dijo: «Clara de nombre, clara en la vida y clarísima en la muerte». Sus restos descansan en la cripta de la iglesia dedicada a la santa en Asís y fue canonizada en 1255 por el papa 6Alejandro IV. Su fiesta se celebra el 11 de agosto. A los pocos días de su muerte, su hermana Inés siguió a Clara también en este último viaje.

Tradicionalmente se representa a santa Clara con el hábito propio de las clarisas. Este consiste en un sayal  marrón y un velo negro, sujeto con el tradicional cordón de tres nudos de cuyo cinturón sale un rosario. Los atributos tradicionales de la Santa son la custodia y el báculo. La primera derivada del enfrentamiento a las tropas sarracenas en 1230, siendo la primera vez que se la representó con este atributo en un fresco de San Damiano, actualmente bastante deteriorado, en el cual se ve a Santa Clara con el Santísimo Sacramento enfrentándose resoluta a los sarracenos que huyen 17despavoridos. El báculo proviene de haber sido Santa Clara abadesa mitrada.

Otro atributo característico lo constituye el lirio, flor que representa la pureza y la virginidad. En el cuerpo incorrupto de la Santa, expuesto en la Basílica de santa Clara de Asís, la Santa sostiene entre sus manos un lirio de metal precioso. Por su parte, en el escudo de las clarisas, lirio y báculo se entrecruzan en sotuer (forma de aspa). El 17 de febrero de 1958, el papa Pío XII declaró a santa Clara patrona de la televisión y de las telecomunicaciones. También es patrona de los de los orfebres y del buen tiempo, motivo por el cual desde la Edad Media existe la tradición de que las novias ofrezcan huevos a santa Clara para que no llueva el día de su boda.

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