El proyecto de Jesús: anuncio y construcción del Reinado de su Padre.

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En momentos decisivos y críticos, como los que hoy estamos viviendo, es urgente ir a lo esencial de la vida cristiana, porque es frecuente entre muchos cristianos  dar exagerada importancia a creencias o prácticas religiosas que son secundarias y olvidar otras que son irrenunciables. Por eso, la importancia de prestar atención al relato del evangelio de hoy que es como una síntesis de la misión de Jesús y nos ofrece los elementos esenciales que definen el programa de su vida. Es urgente conocerlos porque no se pueden olvidar, y si lo hacemos, hay que recuperarlos continuamente: lo que fue esencial para Jesús, debe seguir siéndolo para la Iglesia de todos los tiempos.

27El centro del mensaje de Jesús es el Reino de Dios, y lo incluyó en la oración que nos enseñó para dirigirnos al Padre, como una de las siete peticiones esenciales: ”Venga a nosotros tu Reino”. ¿Qué es el Reino de Dios? Por supuesto que no es un lugar en el mapa donde viva Dios y los demás estén abandonados por Él. No es tampoco un lugar interior en el que habite Dios. El Reino es la forma de actuar de Dios en nuestra historia humana; es más un reinado que un reino, es la forma en que Dios se manifiesta como Señor Liberador de la Historia y de cada una de nuestras historias. ¿Y  cómo actúa Dios? Para eso tenemos a Jesús. Escuchando y mirando a Jesús podremos entender a Dios 19actuando, podremos ver su Reino, que no tiene nada que ver con templos, ni con leyes, ni con premios ni castigos, ni dominación de unos sobre otros, pues para Dios y su Reino todos somos iguales.

Jesús proclama que ese Reino de Dios está cerca, es decir, que Dios está haciendo presente en el mundo su designio de salvación, de paz y de justicia. Y Jesús acompaña el anuncio del Reino con acciones concretas de ayuda y curación de enfermedades y dolencias que hacen creíble su mensaje. Pero Jesús no es sólo un profeta del cambio social, ni un político, pero tampoco es un maestro de espiritualidad o autoayuda que sólo intente alcanzar la paz y el bienestar interior y tiene poco que ver con la felicidad de los demás. Tampoco es Jesús una ONG. Jesús es el que viene a mostrar a Dios de un modo nuevo, radical  e inesperado.

18Pero Jesús busca enseguida colaboradores porque el Reino es tarea de todos, y la primera invitación es a trabajar la conversión. Sorprende la convicción con que llama y la prontitud con que responden los primeros discípulos. Otra novedad de la actividad de Jesús, es que comienza la misma llamando a sencillos pescadores del mar de Galilea, y no a gente importante del templo de Jerusalén, que sería como más lógico. El proyecto de Jesús no llega con grandes manifestaciones, sino a través de pequeños, pero significativos, signos en la vida de los que lo perciben. Por eso, los que mejor entienden los signos y se adhieren al proyectos son los más sencillos y humildes.

Ser cristiano es responder inmediatamente a la llamada del anuncio de Jesús, dejándolo 29-2todo (sobre todo criterios cerrados y  falsas seguridades) para seguirlo. No para embarcarse en una aventura política, filantrópica o en un curso de crecimiento personal, sino para entregarse a Él, dejando que sea Dios el que conduzca nuestras vidas y los destinos de la humanidad. Seguir a Jesús, es seguir a una persona y no a una idea. Y la manera de recibir esa presencia de Dios es precisamente la Conversión, que significa romper con lo antiguo, no seguir dando vueltas y vueltas a lo mismo como si nada hubiese sucedido; esto es, un cambio de orientación de la propia vida, un cambio de criterios y de corazón, para adecuarlos al plan de Dios. El anuncio  del Reino, la llamada a la conversión, las obras concretas de liberación, el compromiso personal y la respuesta incondicional, son pilares fundamentales como seguidores de Jesús.

017Y Jesús nos llama para que formemos comunidad cristiana, es decir, al estilo de Cristo, siguiendo sus pasos y estando abiertos a todos para hacerles el bien, porque la llamada no es al seguimiento individual, sino que la intención de Jesús es llamar a individuos para ir formando una comunidad entre ellos. Es como si Jesús quisiera decirnos: “Poneos de acuerdo y no andéis divididos”. Conversión a la comunidad, convencidos de que el camino hacia la unidad es el mejor signo de ser luz para los pueblos. Pero la respuesta que damos a Jesús ha de ser personal, libre y responsable; debemos alejarnos de hacerlo  por tradición familiar o porque todos lo hacen. Eso sí, lo antes posible, deberíamos buscar una comunidad o grupo de creyentes adultos que estén viviendo habitualmente esta experiencia, la celebren y la revisen en común.

Hoy que el papa Francisco nos está invitando continuamente a salir a las periferias, 13romper moldes y afrontar las inseguridades, otro detalle importante a destacar de este evangelio es que sitúa la actividad de Jesús en la Galilea de los gentiles, distante de Jerusalén. Esto supone un cambio radical, un nuevo estilo y un mensaje universalista: la salvación de Jesús se dirige a la humanidad entera. Mensaje abierto a todos, también para quienes no se encuentran en el centro de la religión judía;  Jesús comenzó en Galilea, no lo hace en Jerusalén, el centro social y religioso, donde estaban los sacerdotes y los expertos de la ley, sino en Cafarnaún que era una encrucijada de caminos, culturas y religiones. Una región más bien marginada, con fuerte presencia de no judíos y habitada por aduaneros, soldados y pescadores.

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Jesús afronta el desafío de la inseguridad, el pluralismo, la separación del centro religioso, y esto supone una gran llamada de atención a toda la Iglesia, que parece que nos hemos acomodado siguiendo una rutina de lo de siempre, no rompemos esquemas  y apenas arriesgamos nada. Queremos seguir siendo el centro de la sociedad y las más de las veces nos movemos en el ambiente de los religiosos, los acomodados y los pudientes. Para una Iglesia en salida que está buscando su sitio en la nueva sociedad, este comienzo de Jesús en Cafarnaún debe ser una luz importante: hoy se nos hace una llamada a romper con la inercia que nos adormece, a huir de la tentación de la seguridad, el poder, el prestigio, el refugio de los templos y lo religioso, que nos están alejando de los últimos y separados. Es una invitación urgente a seguir el camino de Jesús saliendo  a los márgenes al encuentro de los más débiles.

12Unos cristianos y una Iglesia con este estilo, valientes, atrevidos, creativos, ofreciendo la novedad increíble del evangelio, y todo esto en medio de la increencia, la inseguridad, y afrontando los grandes problemas de la humanidad, sería hoy una gran luz en la oscuridad del mundo. Sería percibir la alegría del Evangelio, la alegría que se siente al segar, al recoger los frutos del trabajo, al pasar de las tinieblas a la luz. La alegría de descubrir que Dios muestra su capacidad de actuar en nuestras vidas, en nuestros problemas, en nuestras dificultades más cotidianas, en los problemas con nuestros compañeros, vecinos o familiares. Es una alegría que no tiene parangón con cualquier otra que pueda producir algo creado. Y que nos invita a rezar el “venga tu Reino” del Padrenuestro como un “Hazte, Señor, dueño de mi vida y mi historia, y de la Historia colectiva de la humanidad, de cada uno de mis hermanos”.

Jesús es el comienzo de algo nuevo, diferente a todo lo vivido hasta entonces y que ya no6 tendrá fin. Sólo lo que esté conectado a Jesús y a su proyecto de vida, abundante y para todos, durará para siempre; todo lo demás está llamado a desaparecer, por mucho que venga de la Religión, y mejor antes que después, porque no vale la pena mantener lo que está marcado por la caducidad. Y para que su proyecto se mantenga vivo, Jesús sigue haciendo que su palabra resuene en el corazón de algunas personas que, con su Espíritu, se sienten con la fuerza necesaria para llevarlo adelante. Los que pretendemos ser seguidores de Jesús hoy, también debemos priorizar en nuestra vida cotidiana todo aquello que tenga que ver con el proyecto de Reino de Dios: la verdad, la justicia, la solidaridad, y la igualdad de todas las personas, y siempre dispuestos a ayudar a los más débiles y desfavorecidos del sistema imperante, porque para eso el Padre bueno nos ha regalado nuestras fuerzas y favores.

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